Medicina intensiva y rehumanización

En los últimos 30 años, el desarrollo a nivel tecnológico en la medicina intensiva ha generado un desarrollo sin precedentes.

facultad de medicina
viernes, 29 de julio de 2022
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En los últimos 30 años, el desarrollo a nivel tecnológico en la medicina intensiva ha sido espectacular y gracias a ello, las cifras de supervivencia en dichas unidades han aumentado de forma notable. Sin embargo, el constate innovación tecnológica ha generado la percepción de que las máquinas han podido relegar a las personas a un segundo plano: se pierde la narrativa en la elaboración de las historias clínicas, no hay tiempo para la escucha activa por las cargas de trabajo y los propios profesionales, hastiados de no poder realizar su trabajo en unas condiciones aceptables por los recortes de personal, la falta de medios adecuados y la pérdida del reconocimiento social, han perdido su vocación en los cuidados intensivos

Ante ese contexto, creemos necesario brindar información actualizada sobre este tópico, la cual pueda orientar a los profesionales en este rubro para combatir esta problemática que cada día es más común en las salas de cuidados intensivos.  

Proyecto de humanización en cuidados intensivos

Parece fundamental definir claramente el término “Humanizar”, puesto que muchos lectores podrán sorprenderse de que algo tan intrínseco a la profesión sanitaria pueda ser objeto de debate. Según la primera definición del documento Lengua Castellana de 1613 «Humano» es “aquello que puede pertenecer al hombre. Humanarse, humillarse y reconocerse, ser cortés con todos y afable, aunque sea gran señor”. No se pretende poner en duda nuestra humanidad, sino aportar mayor cercanía y ternura a nuestros semejantes, con autocrítica y capacidad de mejorar. 

La atención integral requiere subjetividad, cualificación, sensibilidad y ética. Necesita de grandes dotes de comunicación y habilidades de relación: escucha activa, respeto, empatía y compasión. Una serie de herramientas fundamentales en las que en mayor o menor medida tenemos defectos curriculares. Y lo importante es darse cuenta, aceptarlo y aumentar la formación de los profesionales.  

El «Proyecto HU-CI: Humanizando los Cuidados Intensivos», nació en febrero de 2014 a raíz una reflexión personal, y apuesta por un cambio de paradigma en la atención sanitaria y una revolución para hacer las Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs) lugares más amables.  

Se trata de un Proyecto de investigación multidisciplinar internacional que busca la rehumanización del Sistema Sanitario poniendo al «Ser Humano» en el centro del escenario. A través de la investigación en red, se pretenden evaluar diferentes áreas y llevar a cabo la implementación de las correspondientes acciones de mejora. 

Participación de los familiares en la medicina intensiva

Los familiares desean participar en el cuidado del paciente. Un 70 % de los familiares de pacientes ingresados en UCI presentan ansiedad y hasta un 35 % depresión, además de las situaciones de estrés en el momento agudo y estrés postraumático.  

Si las condiciones clínicas lo permiten, las familias que se muestren dispuestas podrían colaborar en algunos cuidados (el aseo personal, la administración de comidas o la rehabilitación), siempre bajo el entrenamiento y la supervisión de los profesionales sanitarios. 

Dar a la familia la oportunidad de contribuir a la recuperación del paciente puede tener efectos positivos sobre el paciente y sobre el profesional, al reducir el estrés emocional y facilitar la cercanía y comunicación de las partes implicadas. 

Aunque los estudios no son concluyentes, la presencia de los familiares no se ha relacionado con consecuencias negativas. En cambio, se han encontrado con cambios de actitud como una mayor preocupación de los profesionales en relación con la privacidad, dignidad y manejo del dolor durante los procedimientos presenciados así como una mayor satisfacción de las familias y una mayor aceptación de la situación favoreciendo el proceso del duelo. 

Desgaste profesional

Los profesionales sanitarios, y en especial, los profesionales en medicina intensiva, viven su trabajo con una importante carga vocacional. Su entrega diaria hacia el servicio y la ayuda a la persona enferma, exige un gran compromiso e implicación, que proporciona una enorme satisfacción personal cuando las expectativas se cumplen, el trabajo se desarrolla con calidad, los pacientes se curan, se evita el sufrimiento, se goza del reconocimiento merecido, etc. Sin embargo, cuando las cosas no van bien, el desgaste emocional es considerable. Cuando este desgaste confluye con una ausencia de cuidado de la propia salud y bienestar aparece el llamado “Síndrome de Burnout”, traducido al español como “Síndrome del desgaste profesional” o más literalmente como “Síndrome de estar quemado”. 

Existe consenso en considerarlo como una respuesta al estrés laboral crónico con connotaciones negativas debido a que implica consecuencias nocivas para el individuo y para la organización. Además, hay presentes distintos instrumentos de medida y evaluación del síndrome. El cuestionario más utilizado es el Maslach Burnout Inventory (MBI).  Consta de 22 ítems que reflejan las tres dimensiones fundamentales del síndrome.

Las consecuencias del síndrome son amplias e importantes y afectan a la salud mental, a la salud física, a la calidad de vida y a la eficacia profesional del médico. Esta situación plantea la necesidad de desarrollar programas de prevención e intervención que ayuden a controlar y paliar tales efectos. 

Las tasas de incidencia de «burnout» son variables, pero se estiman entre el 30 y el 50 %. Un estudio reciente demuestra una prevalencia del 14 %, siendo los profesionales de enfermería los más afectados. Las principales variables relacionadas con el síndrome de desgaste profesional son una satisfacción profesional baja, problemas de relación y de rol entre profesionales, reconocimiento laboral bajo, cansancio emocional elevado y mayores cargas de trabajo. 

Diseño y arquitectura humanizada en la medicina intensiva

Cada UCI debería adaptar su diseño para mejorar la privacidad y el derecho a la intimidad, el bienestar y la confortabilidad de los usuarios y profesionales: habitaciones individuales con luz natural, temperatura adecuada, ruido (por debajo de 40 decibelios según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud), acceso a comunicaciones o entretenimiento (radio, televisión, teléfono, equipos informáticos), tamaño de los boxes y posibilidad de acompañamiento familiar o el hilo musical son factores que intervienen directamente en la mejoría de los pacientes y en su satisfacción posterior. 

Una de las quejas más frecuentes de los familiares se refiere a las salas de espera: lugares incómodos y poco agradables. Sería preciso hacerlas más confortables tanto a nivel práctico como estético, incluso como se ha propuesto desde Proyecto HU-CI, la conversión de la sala de espera en lugares dinámicos donde los familiares salgan del estado pasivo. 

Aunque poco a poco estamos convirtiendo las UCIs en lugares más amables en comparación con las UCIs del pasado (espacios cerrados, sin ventanas, estrechos, con visitas restringidas), queda aún mucho camino por recorrer. Y muchas veces tampoco es necesaria una gran inversión para lograr los mismos objetivos: aportar mayor calidad y calidez a las personas que forman parte del sistema hará que los procesos sean llevados de la mejor manera posible y probablemente con una mayor eficacia y eficiencia. 

La transformación profesional como clave de progreso

Sin duda alguna, transformar los cuidados intensivos a través de la rehumanización es una necesidad para consolidar un sector médico eficiente. De modo que se logre integrar a los avances tecnológicos con el cuidado de los profesionales y pacientes desde la visión del bienestar personal y no solo desde una mirada numérica y práctica.

En TECH Universidad Tecnológica creemos que existe una gran necesidad desde el ámbito académico, por ello desde la Facultad de Medicina más grande del mundo diseñamos el Máster en Actualización en Medicina Intensiva mejor estructurado del mercado educativo. Nuestro programa dota a los aplicantes de conocimiento novedosos, los cuales les permitirán desenvolverse con eficiencia y seguridad en el ejercicio profesional.

Por otro lado, ofrecemos distintas opciones educativas en otras áreas, como lo son el Máster en Cuidados Paliativos o el Máster en Anestesiología que ofrecen planes de estudio vanguardistas para consolidarse de manera multidisciplinar.

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