Intervención en violencia de género familiar
La intervención en la violencia de género familiar se da después de definir los motivos por los cuales una familia se encuentra en crisis.
facultad de medicina · medicina familiar y comunitaria
mié. 12 de may. 2021
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Hay muchos motivos para detectar que una familia se encuentra en crisis, o incluso en peligro. Existen algunas situaciones donde la ayuda del psicólogo en el ámbito familiar es más necesaria, pero el diseño de intervención son similares en lo global. Por ende, este artículo se concentrará en cómo suelen ayudar los especialistas a víctimas de la violencia de género, aunque también se utilicen los mismos métodos para tratar las agresiones sexuales y las crisis en los niños.

Tipos de violencia

  • Violencia física. Son las conductas deliberadas que producen un dolor o un daño físico en el cuerpo de la mujer que pueden ir desde empujones hasta el asesinato de la persona.
  • Violencia psicológica. Son las conductas que dañan emocional o psíquicamente a la víctima, especialmente si atentan a su dignidad como persona. Los comportamientos que producen violencia psicológica son muy variados. Entre ellos se incluyen: los insultos, las amenazas de violencia física o sexual, las humillaciones o vejaciones, el aislamiento social, la coacción de la libertad, el chantaje emocional, el gaslighting, el control económico, etc. Además, todas estas conductas son manifestadas contra los hijos, con el ánimo de amedrentar o controlar a la madre. La violencia psicológica es más difícil de identificar y en muchas ocasiones el maltratador consigue que la maltratada se culpabilice de su comportamiento agresivo. Si la culpa del carácter del agresor recae en las actitudes de la víctima, el control ya está establecido y la persona va a ser manipulada.
  • Violencia sexual. Es violencia a cualquier intimidad sexual forzada con amenazas, intimidación o coacción. Cualquier contacto sexual que sea impuesto contra la voluntad de la persona, lo cometa quien lo cometa. Hay agresiones sexuales que no requieren del contacto físico como el acoso, el exhibicionismo, los mensajes obscenos a través de cualquier medio de comunicación, las proposiciones sexuales indeseadas o el forzar a ver material pornográfico. Un paso más elevado estaría la violencia sexual con contacto físico desde los tocamientos, el forzar al sexo en posturas que degradan a la mujer o ésta no quiere realizar, la imposición de masturbar al agresor hasta la violación o tentativa de ésta.

Psicología del maltratador

Debajo de la violencia de género están fundamentalmente el miedo y la necesidad de control. El objetivo del maltratador suele estar en enfocar el problema en la víctima o en aspectos fuera de sí mismo y de su flagrante inseguridad. Alguien sólo se puede poner agresivo si su sistema límbico se siente en peligro y su bioquímica cerebral está inundada de NA, el neurotransmisor del miedo. El maltratador justifica su conducta en algún comportamiento inadecuado de la víctima, en una reacción a algo que ella ha hecho mal, o justifica su pérdida de control por el consumo de alcohol u otras sustancias. Es capaz de generar múltiples excusas que siempre atenúan su responsabilidad.

El problema es que mientras no asuma su entera responsabilidad, será difícil que la situación se resuelva. La maltratada tratará de controlar su propia conducta para adecuarse a sus exigencias y así evitar el maltrato. Lo que no entiende es que cuanto más éxito tiene el maltratador controlándola, más se refuerza su conducta. Lo que esto parece señalar en las investigaciones clínicas es que debajo hay una gran dependencia, o codependencia, y el control es la herramienta para evitar el miedo al abandono o a la soledad. Si el maltratador se siente muy inseguro de sí mismo, rebajará a la persona que vive con él ante la fantasía inconsciente de que él es mejor que ella.

Objetivos específicos

Los objetivos específicos de la intervención con personas agredidas por violencia de género son:

  • Garantizar la seguridad tanto a corto como a largo plazo de la persona que ha sido víctima de una agresión.
  • Empoderar a la mujer para que sea capaz de volver a entrar en contacto con sus recursos personales. Así puede garantizarse ella misma su propia seguridad cuando esto sea posible.
  • Proporcionar apoyo y seguridad, facilitando la expresión de emociones.
  • Ayudar a la mujer a elaborar una historia coherente en espacio y tiempo de lo que ha ocurrido. Cuando proceda, acompañarla a presentar una denuncia.
  • Informar sobre los recursos a su alcance para garantizar su protección.

Aspectos a tener en cuenta

Es difícil tener una intervención en emergencias como psicólogos en violencia de género, a no ser que se trabaje en algún departamento de apoyo a este tipo de víctimas. Lo que sí es frecuente es que aquellos que sean sanitarios se encuentren con este tipo de casos al intervenir tras una agresión.

Ser agredida en el lugar donde más seguridad deberías tener, tu casa, y por la persona que dice amarte produce una situación de indefensión que dispara todos los mecanismos de defensa de la mujer. Internamente es una situación terrible para ella. Por ello, en ocasiones es difícil para los profesionales identificar este tipo de situaciones. Las mujeres normalizan la situación que viven y por miedo, vergüenza o incluso culpa pueden evitar manifestar la situación que están padeciendo. A veces se lo ocultan hasta a sí mismas.

Hay una serie de aspectos que hay que tener en cuenta y que pueden influir en la intervención:

Relación afectiva con el agresor

Una de las variables que hacen más difícil esta intervención es la relación afectiva que tiene la víctima con el agresor. Eso hace que, por un lado, sea presa del miedo. Por otra, que en muchas ocasiones su intención sea protegerlo. Ambos aspectos impiden que pueda expresar abiertamente lo que siente, así que todo el trabajo de crear confianza se hace extremadamente importante en estas situaciones.

Separar del maltratador la intervención

Parece obvio decir que hay que tener mucho cuidado con hacer la intervención en la presencia de la pareja y posible agresor. Si él está presente, se tendrá que centrar en aspectos técnicos de la intervención. Se podrá aprovechar para introducir algún mensaje indirecto. Mientras se habla con ella, se puede transmitir mensajes que van dirigidos a él. Pero como la situación es muy tensa y es difícil que haya una apertura para aprender nada, se tratará lo antes posible de aislar a la víctima del maltratador y sólo se preguntará cosas más íntimas cuando esté sola.

Evita emitir juicios y consejos

Aunque en muchas ocasiones se sientan tentados a influenciar en la persona maltratada para que abandone a su maltratador, esto suele ser un error. Recuerda la importancia de la escucha. El objetivo es crear un espacio de escucha libre de juicios donde la persona que se atiende encuentre la seguridad para expresarse abiertamente. Será imprescindible hacer un buen acompasamiento que permita que la persona abra sus defensas y pueda expresar lo que le está ocurriendo. Una vez ganada su confianza, se puede plantear preguntas que le ayuden a valorar su situación y lo que quiere para su vida.

Ten en cuenta que es posible que tú estés tan solo interviniendo en la emergencia, pero representas al personal de ayuda. Si la persona se siente juzgada, rechazada o incomprendida, puede proyectar esa sensación a los demás profesionales y llegar a la conclusión de que nadie puede ayudarla. Es mejor un acompañamiento respetuoso y darle tiempo para coger fuerza que presionarla y hacer saltar sus alarmas defensivas contra el profesional. Seguramente ya habrá sido presionada por alguna amiga, compañera de trabajo, etc. Por ende se ve forzada a alejarse: por la vergüenza de no poder separarse de su maltratador por mucho que se lo haya propuesto o lo haya prometido.

Atención al contacto físico

Especialmente si eres hombre, el contacto debe ser vigilado con atención porque la persona agredida puede tener codificado el contacto como un posible peligro más que un gesto de cercanía y apoyo. Más que nunca, aquí se dejará que sea la paciente la que dirija hasta donde aproximarse.

Valoración de la seguridad

Si la situación de maltrato ha sido reconocida, es necesario valorar junto a la mujer la situación de peligro en la que se encuentra, tanto ella como sus hijos. Hay una serie de factores que indican un riesgo extremo de maltrato y se tiene que tener en cuenta:

  • El primero es la propia percepción de riesgo para su vida o su integridad física por parte de la mujer. Si ella afirma no sentirse segura en casa o teme que el agresor la agreda, la situación es de peligro extremo y hay que pedir ayuda a los miembros de seguridad del estado.
  • Que las lesiones que presenta sean graves o que las haya habido en la historia de la paciente.
  • Que la duración del ciclo de violencia y su repetición hayan sido grandes en el tiempo. La violencia suele ir subiendo de intensidad, en muy pocas ocasiones baja.
  • Si la persona se ha separado y recibe amenazas o acoso por parte de su pareja. No se puede olvidar que el riesgo de asesinato tras la separación aumenta hasta seis veces.
  • Que la persona que agrede tenga acceso a armas o que las use.
  • Historia de maltrato del agresor.
  • Que la paciente haya tenido algún intento de suicidio en su historia, especialmente si estos han tenido que ver con la situación de la relación.
  • Cuando ha habido agresiones sexuales. El nivel de necesidad de dominación y control del maltratador es mayor cuando se impone y fuerza sexualmente.
  • Si refiere una historia de celos extremos, con mucho control de sus actividades diarias.
  • Historia de consumo de alcohol o drogas por parte del maltratador, más que una justificación para el descontrol es un factor de riesgo.

Cualquiera de estos factores hace que el peligro de maltrato sea grave y por tanto hay que solicitar ayuda. Se le puede preguntar a la paciente si tiene familiares o amigos a los que acudir y que la puedan proteger. Si no es así, se tendrá que informar de los cauces para pedir protección.

Informar de los recursos disponibles

En este caso particular, dar información útil cobra una especial importancia. Muchas de las mujeres ya conocerán los recursos de los que disponen, pero puede haber otras que no son conscientes de la cantidad de opciones que tienen. Es importante que estés familiarizado con los recursos locales que existan.

El objetivo del maltratador suele ser aislar a la víctima para que dependa de él o no tenga referencias externas que eviten la normalización de la violencia. De hecho, hace mucho esfuerzo para transmitir que sus amigas, familia y toda su red de apoyo están contra ella. Presenta la idea de que tienen envidia de su amor, no entienden y otras mil excusas para ir separando a la víctima de las personas que tiene cerca y pueden ayudarla. Ella, al contar sus problemas y luego volver con él pese a todo, siente vergüenza de volver a contar lo mismo y tiende a empezar a ocultar lo que le está ocurriendo. Esto facilita su aislamiento. Es importante que le transmitas que no hay juicio por lo que haya hecho o dejado de hacer, y que tiene múltiples recursos a su alcance.

Crisis familiares

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