Desnutrición en el cáncer
Se debe tomar conciencia de la relevancia de la desnutrición en el paciente oncológico para el desarrollo de una correcta alimentación.
facultad de medicina · oncología en medicina
jue. 20 de may. 2021
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Se debe tomar conciencia de la relevancia de la desnutrición en el paciente oncológico desde una perspectiva epidemiológica, de su morbimortalidad y de los costes asociados. La medicina urooncológica incorpora mecanismos etiopatogénicos y los principales factores de riesgo para el desarrollo de una correcta alimentación en el paciente con cáncer.

Epidemiología

Los pacientes con cáncer son especialmente vulnerables al desarrollo de desnutrición. Sin embargo, son escasos los estudios que abordan de manera específica la incidencia o prevalencia de la desnutrición en este colectivo. Clásicamente, se toman como referencia los trabajos del grupo americano ECOG (Eastern Cooperative Oncology Group) y la serie del grupo de Tchekmedyan. De estos estudios se obtuvieron datos como que la pérdida de peso puede oscilar entre el 31% para los pacientes con neoplasias hematológicas y el 87% de los pacientes con neoplasias gástrica. También, que la pérdida de peso es el síntoma más frecuente en los pacientes oncológicos.

En el estudio PREDyCES, un estudio multicéntrico, observó una prevalencia de desnutrición en el marco hospitalario del 23.7% al ingreso. El cáncer fue uno de los principales factores asociados a la presencia de desnutrición. El subanálisis centrado en el paciente oncológico mostró una mayor prevalencia de desnutrición en este colectivo, en concreto del 33,9% al ingreso y del 36.4% tras el alta hospitalaria.

En una revisión de la ESPEN recientemente publicada sobre las recomendaciones en el paciente oncológico, se recogen varios estudios sobre la prevalencia de la desnutrición en los pacientes hospitalizados con cáncer de distintas localizaciones, oscilando entre el 12 y el 71%.

Etiopatogenia

En la etiopatogenia de la desnutrición relacionada con la enfermedad, en este caso, centrada en el paciente oncológico, se pueden diferenciar dos grandes bloques de mecanismos principales: la disminución de la ingesta y la inflamación. Las causas que llevan al paciente disminuir la ingesta son variadas y dependen del propio paciente, de la enfermedad neoplásica en sí misma o de los tratamientos aplicados.

  • Los pacientes oncológicos pueden ver reducida su ingesta por la pérdida de apetito (anorexia), por la situación emocional en la que se ven envueltos, por miedo a comer determinados alimentos o porque estén siguiendo una de las muchas “dietas milagro anticáncer”.
  • En ocasiones es el propio tumor el que determina dicha disminución de la ingesta. Esto ocurre fundamentalmente con los tumores del tracto digestivo superior o del área de cabeza y cuello. Allí la masa tumoral puede hacer que la deglución sea dificultosa (disfagia), dolorosa (odinofagia) o incluso imposible (afagia).
  • Por último, también los tratamientos antineoplásicos aplicados pueden comprometer la ingesta. Se piensa, por ejemplo, en la disgeusia que se asocia a algunos agentes quimioterápicos, la mucositis tras tratamiento radioterápico en las neoplasias de cabeza y cuello, o como, tras la cirugía de una neoplasia gástrica, las cantidades de alimento que el paciente consigue tolerar en cada toma son menores de lo habitual.

La disminución de la ingesta es importante desde una perspectiva cuantitativa. Se debe a que la cantidad finalmente ingerida no logra, en la mayoría de los casos, cubrir las necesidades nutricionales. Pero también es cualitativa, pues no todos los macronutrientes se ven afectados por igual. Con frecuencia, la ingesta proteica es la que más disminuye.

Consecuencias clínicas en el paciente oncológico

La desnutrición relacionada con la enfermedad conlleva un incremento de las complicaciones, de la estancia hospitalaria, de la mortalidad y de los costes sanitarios. Estas complicaciones guardan relación con una peor cicatrización, aumentando la incidencia de dehiscencia de sutura, mayor propensión a las infecciones e incluso sepsis, ya sea de origen urinario, respiratorio o de herida quirúrgica e insuficiencia cardiaca y/o respiratoria. La desnutrición confiere además una mayor tendencia a la hipotermia, a la sobre hidratación y deshidratación, a la apatía, depresión etc.

Durante la hospitalización, la desnutrición relacionada con la enfermedad se asocia a una mayor necesidad de tratamiento, pruebas complementarias y estancia hospitalaria. Todo ello repercute notablemente en la capacidad funcional del paciente y en su percepción de calidad de vida. Finalmente, existe una importante asociación entre la desnutrición relacionada con la enfermedad y la mayor mortalidad.

La relación entre desnutrición y cáncer es bidireccional, de tal manera que la enfermedad condiciona un mayor riesgo de desarrollar desnutrición. A su vez, la desnutrición condiciona un curso evolutivo de la enfermedad tumoral. En el paciente oncológico, la desnutrición ejerce un impacto negativo sobre la salud, la supervivencia y sobre los costes asociados. Así, en términos de salud, la desnutrición se asocia a pérdida de peso y masa muscular, disminución de la competencia inmune y mayor propensión al desarrollo de infecciones, estrés psicológico, menor calidad de vida, mayor toxicidad farmacológica y mayor mortalidad. Se cree que hasta el 10-20% de los fallecimientos en los pacientes oncológicos son más atribuibles a la desnutrición que a la enfermedad neoplásica en sí misma. En términos económico-sanitarios, la desnutrición incrementa la estancia hospitalaria y los costes asociados a la hospitalización y a la propia enfermedad.

Alimentación en el cáncer

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