Sostenibilidad en el turismo y patrimonio cultural
Se abordará la conceptualización de la sostenibilidad urbana en torno al patrimonio cultural y el turismo establecido internacionalmente.
facultad de escuela de negocios · turismo
mar. 31 de ago. 2021
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Se abordará la conceptualización de la sostenibilidad urbana en torno al patrimonio cultural y el turismo. Este último se comprende en sus múltiples implicaciones y el desarrollo sostenible que ha sido establecido en las diversas Declaraciones, Cartas y Códigos que se han publicado internacionalmente.

Sostenibilidad urbana

El concepto de sostenibilidad, paradigma de los nuevos planteamientos de desarrollo económico y social de final del siglo XX y principio del XXI, está íntimamente relacionado con las cuestiones medioambientales. Por tanto, sus orígenes se remontan a los años setenta del siglo ya pasado. El año 1972 fue clave en la historia económica reciente: el mundo capitalista se vio fuertemente sacudido por la primera crisis energética grave. Además, se publicó el primer informe del Club de Roma sobre los límites del crecimiento (Informe Meadows). También se celebró la Primera Conferencia sobre el Medio Humano en Estocolmo, se aprobó el Primer Programa de Acción sobre Medio Ambiente de la entonces CEE y se firmó en París la Convención sobre el Patrimonio Mundial, Cultural y Natural promovido por la UNESCO. Este último fue el primer compromiso entre naciones para la conservación a nivel internacional de la naturaleza y la cultura. Tuvo el objetivo de revalorizar y garantizar la protección y conservación eficaz del patrimonio cultural y natural existente en cada una de los territorios nacionales de los firmantes.

De forma paralela a estos acontecimientos que, en cierta medida, empezaron a poner en tela de juicio la viabilidad del crecimiento como objetivo económico planetario, Ignacy Sachs (consultor de Naciones Unidas para temas de medio ambiente y desarrollo) propuso el término “eco-desarrollo” para tratar de conciliar el crecimiento económico (sobre todo de producción) que necesitaban los países del tercer mundo. Se producía con el respeto a los ecosistemas, lo cual es necesario para mantener las condiciones de habitabilidad de la tierra. El término “ecodesarrollo” se presentó oficialmente en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Población de Cocoyoc (México). Y aunque no cuajó en el contexto internacional, fue un claro precedente del concepto de “desarrollo sostenible”.

El concepto “desarrollo sostenible” adquirió carácter institucional en la Conferencia de los Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo o “Cumbre de la Tierra” (1992). A partir de entonces, se extendió su uso masivo con gran mérito dentro de la literatura económicoambiental, sustituyendo al de “eco-desarrollo”. Sin embargo, si bien la acuñación del término “desarrollo sostenible” sirvió para extender la preocupación por la sostenibilidad, lo hizo a partir, sobre todo, de subrayar la insostenibilidad del modelo económico vigente. Por lo tanto, la definición (sostenible-sostenibilidad) quedó sumida en la indefinición y la ambigüedad.

Visiones críticas apuntan a que esta ambigüedad, que no compromete políticamente a nada, es el secreto del gran éxito de la “sostenibilidad”. A la postre, lo sostenible no sería más que un epíteto que aplicar al término desarrollo para camuflar ecológicamente el crecimiento. En consecuencia, lograr así una solución de compromiso que contente a “desarrollistas” y “ambientalistas”.

Profundización

A nivel urbano, la sostenibilidad permeabiliza desde hace tiempo el debate europeo sobre la ciudad. La necesidad de encontrar solución a los múltiples problemas a los que se enfrentan las ciudades en un contexto de rápida evolución (aumento del paro, exclusión social, inmigración, polución, etc) ha encauzado el debate sobre la ciudad europea hacia la búsqueda y adopción de estrategias de desarrollo urbano sostenible. Estos planteamientos quedan especialmente patentes en documentos como Libro verde sobre el medio ambiente urbano (1990), la question urbaine: orientations pour un débat européen (1997), o el Informe Ciudades Europeas Sostenibles (1996).

Se cuenta ya, por tanto, con un marco de referencia de actuación en las áreas urbanas. Está definido a partir de la reflexión conjunta en varios foros nacionales e internacionales. Entre ellos, el Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la Unión Europea, la Conferencia de Ciudades Europeas Sostenibles (celebrada en Aälborg, Dinamarca, en 1994), las Conferencias de Naciones Unidas sobre Asentamientos Urbanos (IABITAT) y diversos trabajos realizados para las autoridades españolas.

En este contexto, destaca especialmente la contribución del informe sobre Ciudades Europeas Sostenibles del Grupo de Expertos sobre Medio Ambiente Urbano de la Unión Europea. Como marco general de actuación a nivel urbano, se plantea en él la necesidad de llevar a cabo una gestión urbana global basada en los principios de la sostenibilidad. Por un lado, en la equidad y eficiencia social y, por otro, en la salvaguarda de los recursos naturales y la eficiencia medioambiental.

Principios éticos que se deberían aplicar a unas políticas locales basadas en la cohesión y la integración vertical (subsidiaria) y horizontal (intersectorial). Sobre estas políticas, el informe plantea la necesidad de aplicar unos instrumentos de control y seguimiento (eco-auditorías e informes sobre el estado del medio ambiente) basados en la medición de indicadores de presión, calidad y rendimiento ambiental. Lo anterior permite “objetivar”, en la medida de lo posible, la valoración de las políticas implantadas.

La transversalidad del turismo

En el umbral del siglo XXI, las ciudades históricas se encuentran cada día más asociadas al turismo. Su función turística se ha venido reforzando en los últimos años, aumentando la simbiosis entre ciudad y turismo. La sostenibilidad se relaciona con el logro de modelos turísticos integrados en la economía y en la sociedad. Son respetuosos con el patrimonio cultural, así como preocupados por las nuevas demandas de accesibilidad y movilidad que el turismo plantea.

La realidad de las ciudades históricas es ciertamente muy heterogénea: mientras en unos pocos casos, como pueden ser Toledo, Santiago de Compostela o la Alhambra de Granada y, en menor medida, Salamanca, El Escorial o Segovia ya se enfrentan a importantes problemas de saturación y congestión, en la mayoría de las ciudades históricas existen posibilidades para incrementar el número de visitantes. Seguramente, será lo que ocurrirá durante los próximos años.

El turismo, sea de motivación cultural profunda o superficial, ha conocido un importante incremento en la última década. Se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Además, es un protagonista fundamental de la vida y también de la recuperación urbanística y arquitectónica de importantes conjuntos históricos. Las relaciones entre urbanismo y funcionalidad turística son bien evidentes. Aunque, tal como ha ocurrido en el entorno de la Alhambra de Granada, no siempre se hayan entendido de forma correcta.

Para evitar los efectos negativos que el turismo puede tener sobre el patrimonio cultural, sobre los que han llamado la atención ICOMOS, el Consejo de Europa, La Unión Europea, UNESCO, etcétera, hay que asumir algo fundamental: la capacidad de acogida de las ciudades y conjuntos monumentales es limitada y el número de visitantes no puede crecer de forma indefinida.

Desarrollo urbano

El turismo constituye un elemento fundamental en la vida y en la economía de las ciudades. Es tan importante que es necesario prestarle una mayor atención, tener presente sus múltiples implicaciones y no dejarlo a su libre albedrío. Los estudios de prospectiva apuntaban hacia un rápido desarrollo del turismo urbano. Está coyunturalmente ralentizado en los flujos internacionales tras los atentados del once de septiembre del 2001.

El segmento correspondiente a las ciudades históricas, por otra parte, es uno de los más expansivos. Para dar respuesta a una demanda creciente, ya sea de turismo exterior o interior, es necesario organizar bien las ciudades en términos urbanísticos, de medio ambiente, de oferta cultural, de rutas e itinerarios peatonales y de equipamientos e infraestructuras turísticas.

El turismo constituye un pilar importante de la economía de muchas ciudades. Ha contribuido también a la puesta en marcha de importantes procesos de recuperación urbana, siendo un buen ejemplo ciudades como Cuenca, Girona o Santiago. El turista es un gran consumidor de bienes y servicios. Su presencia dinamiza los diversos sectores de la vida de la ciudad, genera riqueza y empleo e introduce nuevas modalidades en el consumo y los usos del suelo urbano (restaurantes, hoteles, comercio turístico, aparcamientos, etcétera).

En primer lugar, potencia el desarrollo de las ramas de actividad que cubren directamente las necesidades de consumo de los visitantes (hostelería, restauración, comercio y servicios de ocio y recreo). Impulsa, también, el desarrollo de otros sectores de actividad al tener un importante efecto multiplicador. El turismo, además de incrementar directamente la renta de la población local, genera un aumento. Sin embargo, es difícilmente cuantificable, de los ingresos de las corporaciones locales. Ahora bien, también tiene su lado oscuro. Cuando la economía depende en exceso de esta actividad se expone a serios peligros. Se debe a que una disminución de la afluencia de visitantes o del gasto turístico puede provocar una aguda crisis en el sistema productivo.

Sostenibilidad turística y cultural

En el ámbito del turismo, el cambio de paradigma que implica la adopción de estrategias de desarrollo turístico sostenible erigen una reorientación ética en la demanda, en los intermediarios y en los prestadores de servicios turísticos. Se trata de una estrategia necesaria que inserta el turismo en un marco de compatibilidad con el medio ambiente, la sociedad y la economía local. Su implantación implica actuar a diversos niveles:

  • A nivel de orientación general de la actividad turística.
  • A partir de las grandes líneas de acción política.
  • A nivel de las ciudades y regiones turísticas.
  • Sobre la base de la teoría del ciclo vital de los destinos turísticos.
  • A nivel de la industria turística, con una redefinición de los objetivos empresariales.
  • Sobre todo a nivel de la demanda, del conjunto de la ciudadanía en tanto que turistas potenciales.

La sostenibilidad turística, implica, en todo caso, preservar del consumo excesivo y destructivo los recursos naturales y culturales que sustentan esta actividad. Dichos bienes determinan la capacidad de atracción de cada uno de los destinos turísticos. Al mismo tiempo, es necesario que se asegure un uso responsable y económicamente eficiente de los recursos de interés turístico para que se generen los medios que garanticen su propio mantenimiento. Por otra parte, se tiene en cuenta que dichos recursos se encuentran, en primera instancia, al servicio de la comunidad local.

Aspectos de planificación

En líneas generales, al hablar de la necesaria planificación del turismo para conseguir un desarrollo sostenible de la actividad, se subrayan especialmente tres aspectos:

  1. Una utilización racional de los recursos naturales y culturales. De esta manera, los impactos negativos pueden ser corregidos sin dejar una huella permanente.
  2. El diseño y establecimiento de un producto turístico. Debe tener suficiente aceptación en el mercado para sostener los flujos turísticos a un mismo nivel a largo plazo.
  3. El mantenimiento indefinido de la viabilidad económica del turismo: por medio de la adaptación constante al mercado.

En relación con estos planteamientos generales, a nivel institucional son muchas las declaraciones y reflexiones existentes sobre la conveniencia de racionalizar un uso turístico sostenible de los recursos que sustentan esta actividad.

Principios de la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible

Las reflexiones más interesantes y acabadas sobre la sostenibilidad turística son los que emanan de la Conferencia Mundial de Turismo Sostenible. Entre los principios debatidos en aquella reunión, se destacan los siguientes:

  • El desarrollo turístico debe fundamentarse sobre los criterios de la sostenibilidad. Ha de ser viable económicamente, soportable ecológicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social.
  • La actividad turística debe ser respetuosa con el patrimonio cultural y con los recursos medioambientales. No deben amenazar el equilibrio ecológico de los ecosistemas que lo sustentan.
  • Se deben tener en cuenta los valores culturales locales y los criterios de calidad. Ellos están orientados a la satisfacción del turista y a la preservación del destino turístico a la hora de elaborar políticas y estrategias turísticas.
  • La contribución activa del turismo al desarrollo sostenible presupone necesariamente la solidaridad, el respeto mutuo y la participación de todos los actores implicados en los procesos, tanto públicos como privados.
  • Es necesario proceder a un reparto equitativo de las cargas y beneficios que genera el turismo.
  • La diversificación de la oferta de productos turísticos permite asegurar el desarrollo a largo plazo y promover formas alternativas de turismo.
  • Se debe avanzar en la formación y sensibilización de los turistas y de los miembros de la industria turística. Se logra mediante la elaboración y respeto de un código de conducta que permita llevar a cabo un turismo responsable.

Si se considera la actividad turística en el ámbito más concreto del turismo cultural, la sostenibilidad se convierte en una referencia más que obligada. Debido a las condiciones inherentes de los bienes patrimoniales cultural, en sentido amplio debe someterse a los límites que impone la necesidad de compatibilizar el desarrollo económico con la conservación (física) del patrimonio y de sus
valores culturales inherentes, minimizando los impactos
negativos que ésta pueda generar.

Conferencia de Ministros Europeos responsables del Patrimonio Cultural

Por último, en este contexto merece especial consideración las conclusiones de la Conferencia de Ministros Europeos responsables del Patrimonio Cultural, celebrada en Helsinki en 1996. En ella se optó claramente por la vía del desarrollo sostenible. Se proyectó una reflexión sobre los modelos de desarrollos turísticos puestos en valor por el Consejo de Europa. Emitió la Declaración de Helsinki sobre la dimensión política de la conservación del patrimonio cultural en Europa. Esta declaración recoge una serie de principios que han de constituir el punto de referencia para la política del patrimonio cultural en Europa y que, entre otros, hacen referencia a los siguientes aspectos:

  • Acceso al patrimonio cultural en sentido amplio (patrimonio arquitectónico y arqueológico, paisajes culturales, bienes muebles y patrimonio inmaterial). El factor esencial de enriquecimiento individual y colectivo permite al hombre situarse dentro de su contexto histórico, social y cultural.
  • Unidad y diversidad del patrimonio cultural europeo. Reconocimiento de las diferencias culturales, favorecimiento de la tolerancia y concienciación acerca de la responsabilidad común de proteger el patrimonio europeo.
  • Consideración del patrimonio cultural como recurso económico susceptible de ofrecer múltiples oportunidades en el ámbito de la generación urbana y el desarrollo rural.
  • Papel clave del patrimonio dentro del desarrollo sostenible. La utilización del patrimonio cultural como recurso debe integrarse en procesos de planificación que aseguren su conservación y transmisión a las generaciones futuras.
  • Integración del turismo cultural dentro de los principios de la sostenibilidad. De esta forma se favorece el uso turístico equilibrado de los recursos patrimoniales.
  • Transversalidad de las políticas de intervención sobre el patrimonio, que deben basarse en la coordinación de agentes públicos y privados. Debe potenciarse el papel de las iniciativas locales y de las organizaciones culturales sin ánimo de lucro.
  • Potenciación del mensaje científico y pedagógico del patrimonio, testimonio histórico de la cultura y la civilización europea.
  • Necesidad de establecer una estrategia tendente a evitar la sobrexplotación turística del patrimonio cultural, recurso frágil y no renovable.

Gestión del turismo urbano

Patrimonio tradicional actualizado

El patrimonio que se puede denominar como tradicional de los centros históricos europeos (catedrales, museos, paisaje urbano, edificios civiles y eclesiásticos, caserío y calles) para nada se encuentran en proceso de agotamiento. Todo lo contrario. La cuestión es que como se muestra la evidencia empírica, dicho patrimonio se halla en una notable experimentación turística. Entonces se articula con ello una agresiva dinámica de aportación de nuevo patrimonio cultural de escala simbólica y emblemática en museos, espacios escénicos y deportivos, nueva arquitectura en hoteles, edificios de oficinas y palacios feriales y de congresos.

Por una parte, existe prácticamente consenso en la necesidad de gestionar el patrimonio tradicional con una perspectiva más económica y menos elitista. Tal estrategia sólo se puede concebir desde su explotación turística. Por otra parte, se asiste en el debate y aproximación al tercer milenio a la creación de un “nuevo patrimonio” que tanto por forma como por contenido resulta ser del siglo XXI: las catedrales sustituidas por nuevos equipamientos culturales.

En efecto, se va a profundizar en ambos temas como los factores que dentro de un nuevo urbanismo (la ciudadescaparate) más efectista y mercadotécnico. Ambos son claves en la redefinición de la relación entre turismo, patrimonio y ciudad en la Europa del próximo siglo. Se trata de un debate que se mueve en terrenos movedizos de ética, estética y economía. Tiene como dialéctica de fondo la tensión entre la pugna urbana por insertarse competitivamente en la globalización económica internacional. Además, la reafirmación de los valores diferenciales y de la identidad local de la propia ciudad o región donde se ubica.

Espacios en Sevilla

En Sevilla se da una combinación paradigmática entre una ciudad evidentemente competitiva en turismo patrimonial y cultural de honda tradición. Cuenta con procesos de renovación del espacio urbano (debido a la Exposición Universal de 1992, especialmente el reencuentro con la rivera fluvial y la mejora total en comunicaciones), innovación y diversificación del destino turístico. También apuesta por grandes infraestructuras culturales, deportivas y un doloroso pero exitoso, al fin, ajuste entre oferta y demanda turística luego de 1994. Entre otras cosas, cuenta con un gran parque temático (1.056.040 visitantes en 1997 de los cuáles 60% han sido visitantes o turistas con un impacto espectacular en la temporada estival para el turismo de Sevilla -88% de crecimiento interanual-, y la creación de 1.300 empleos directos).

Elementos estructurales de recuperación

En cualquier caso, la tesis al respecto de la recuperación turística de Sevilla tiene tres elementos estructurales:

  1. Un profundo sentido de la responsabilidad de los empresarios turísticos. Luego de los desaguisados de 1992, han posicionado a Sevilla como la mejor relación calidad-precio de la Unión Europea en turismo urbano.
  2. El impacto turístico del tren de alta velocidad, como infraestructura diferencial de comunicaciones y producto turístico en sí mismo.
  3. Precisamente, el proceso de cambio generacional en los profesionales turísticos por fortuna es el mejor acompañamiento a los cambios estructurales en el sistema turístico de Sevilla. Produce nuevos productos y hoteles, el río como arteria turística, casino, cultura y deporte, mejoras urbanísticas, etc. Progresivamente una mayor sensibilidad pública y privada a la importancia del turismo en la economía local.
Asignaturas pendientes

En este escenario de hondo proceso de inserción metropolitana del turismo urbano de Sevilla, quedan obviamente asignaturas pendientes. Algunas de ellas se enumeran, como complemento al atractivo tradicional de la ciudad (primavera, monumentos, ambiente):

  • Insistir en la coordinación administrativa de la marca “Turismo de Sevilla” como rótula de vertebración entre el sector público y el privado.
  • Provocar procesos de mayor participación de los empresarios y profesionales en las decisiones y acciones de promoción y comercialización.
  • Apuesta decisiva en los ejes de congresos, cultura, deporte y medio ambiente urbano; en combinación con la imagen histórica de Sevilla.
  • Apuesta por la diversificación del turismo cultural: calendarios turísticos eficaces de los eventos culturales y deportivos.
  • Profundización turística en temas centrales para la ciudad como Isla Mágica, el casino metropolitano o el Mundial de Atletismo 1999.
  • Promoción de la gastronomía sevillana como producto turístico de alto valor añadido, especialmente en la restauración tradicional.
  • Creación de una guía de servicios operativos de operadores y agentes de viajes receptivos; oferta de productos específicos.
  • Diversificación en áreas de oportunidad: Puerto de Sevilla, casas palacios, productos de arte, campos de golf turísticos, fundamentalmente.
  • Reconocimiento y fortalecimiento del sector de ocio, del comercio tradicional y servicios complementarios como un vector decisivo en la calidad del destino turístico de Sevilla.
  • Proyectos especiales como una “Sevillcard”, reforma de las oficinas de turismo, “Sevilla Experience”, promoción AVE y Aeropuerto (Mesa del Transporte de Sevilla).

Patrimonio cultural del mundo

El turismo no consiste solamente en viajar. Es mucho más complicado que eso. La gestión y dirección de esta actividad requiere de un conocimiento global del sector, el cual puede conseguirse a través de los programas intensivos de TECH Universidad Tecnológica.

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Es necesario tener en cuenta que se trata de un sector en constante crecimiento. Y debido a que se deben seguir unos criterios muy exigentes en la materia, TECH también ha creado el Máster en MBA en Dirección de Compañías Turísticas para lograr satisfacer las necesidades académicas de las personas interesadas en crear un sólido perfil profesional en este ámbito.

Tags: Turismo

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