Cognición y metacognición en el aprendizaje
La cognición y metacognición en el aprendizaje deben ser revisados y controlados por el educador en cada aprendiz.
facultad de educación · educación infantil y primaria
jue. 24 de jun. 2021
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El educador en su papel profesional debe tener pleno conocimiento de como reacciona el cerebro en el proceso de aprendizaje. Esto le permite al mismo comprender y aplicar de mejor manera el proceso de transmisión del conocimiento de manera efectiva en sus aprendices. Los procesos de cognición y metacognición en el aprendizaje son las bases de ello, y permiten que estos procesos educativos sean ejecutados de manera completa en el alumnado.

Cognición en el aprendizaje

El aprendizaje es algo que se puede considera natural y forma parte de ser del humano, le permite dar una mejor respuesta a las demandas del ambiente. Esto a medida que va perfeccionándose mediante prueba y error, o por otras prácticas de aprendizaje. Pero el aprendizaje no es exclusivamente humano, sino que se puede observar en otros muchos seres de la naturaleza. Aunque no en todos los seres vivos, puesto que requiere de una serie de condiciones como son:

  • Una capacidad sensitiva con la que percibir el mundo exterior.
  • Un procesamiento, aunque sea básico de la información sensitiva que va a provocar una respuesta.
  • Un sistema de almacenamiento de información, en donde se recojan tanto información sensitiva como la respuesta y sus consecuencias.

Es precisamente en este punto de retroinformación sobre la respuesta donde se empieza a delimitar el proceso de aprendizaje. Este permite ir optimizando la forma de atender las demandas ambientales, adaptándose a las mismas. Sin aprendizaje únicamente se trata de una respuesta más o menos fortuita; cada vez que se presenta una estimulación, aunque esta haya sido la misma una y otra vez.

Tal como sucede a aquellas personas que, por alguna lesión y trauma craneoencefálico, no pueden acceder a su memoria a largo plazo. Esto rigiéndose exclusivamente por su memoria a corto plazo, en donde pasados unos momentos, esos “recuerdos” se disipan y todo le vuelve a parecer nuevo y novedoso. Por lo tanto, el aprendizaje se puede considerar como un proceso superior. En este participan otros más básicos, como la sensación, la percepción, la atención, la memoria, y las emociones.

Funcionamiento cerebral

Para ello, y como base fundamental se encuentra el hipocampo. En este se guarda la memoria a corto plazo, antes de ser desechada o archivada en la memoria a largo plazo, produciéndose así el aprendizaje. Este se puede dividir en cuatro estilos de aprendizajes diferentes, siguiendo el modelo de Honey y Mumford:

  • Estilo activo, caracterizado por la búsqueda de las relaciones humanas y las nuevas experiencias y retos.
  • Estilo reflexivo, guiado por la observación y el análisis.
  • Teórico, donde se busca la racionalidad, objetividad, precisión y exactitud.
  • Estilo pragmático, caracterizado por buscar el poner en práctica las ideas.

Aunque es el hipocampo localizado en el lóbulo temporal medial la estructura que parece jugar un papel fundamental en la memoria explícita. Esto incluye la memoria semántica (recuerdos sobre datos u hechos) y episódica (recuerdos autobiográficos). Además de la modificación de las conexiones y áreas cerebrales con base en la experiencia y el aprendizaje se realiza en todo el cerebro.

La interconectividad entre hemisferios y entre diferentes áreas corticales y subcorticales, sobre todo las frontotemporales y el cerebelo. Esto permiten un mayor procesamiento cognitivo, implicado en el aprendizaje, que incluye a la memoria de trabajo, la creatividad y el funcionamiento ejecutivo.

Hay que tener en cuenta que estos procesos, a pesar de haberse presentado de forma aislada, trabajan de forma interdependiente. Esto de manera que una mayor capacidad de atención, hace que se fije en detalles que a otros se les podrían “escapar”. Además que una mayor memoria de trabajo, permite que esos datos sean procesados a la vez y a mayor velocidad, en conjunto con las huellas de memoria existentes. Esto consiguiendo que se pueda ofrecer una solución más enriquecida y acertada, para el problema o cuestión planteada.

Hemisferios cerebrales

Los hemisferios por su parte pueden dividirse en lóbulo frontal (situado en la parte frontal del cerebro), lóbulo parietal (tras el lóbulo frontal, sobre el lóbulo temporal y delante del lóbulo occipital), lóbulo temporal (bajo el lóbulo temporal) y lóbulo occipital (situado en la parte anterior del cerebro). En este sentido, el lóbulo frontal está asociado a las funciones ejecutivas. Esto es, a la capacidad de organización, toma de decisiones y supervisión de estas. Es donde se recibe “toda” la información, se procesa y responde a partir de ahí.

La lesión de esta estructura conlleva desorganización de la conducta, desinhibición sexual y aumento de conductas de riesgo. Por otra parte, el lóbulo parietal es el centro de la información sensitiva, con un papel destacado en el lenguaje, y su lesión puede provocar discalculia (problemas con las matemáticas), dislexia (problemas con el lenguaje), afasia (problemas con la pronunciación), apraxia (problemas de movimiento), agnosia (problemas de reconocimiento).

El lóbulo temporal está implicado en los procesos del lenguaje relacionados con el procesamiento auditivo, igualmente interviene en el procesamiento de imágenes complejas. Además, participa de los procesos de consolidación de memorias a largo plazo. Su lesión provoca dislexia, afasia y deterioro de la memoria verbal. Por su parte, el lóbulo occipital es en donde se encuentra el centro de procesamiento visual, donde llega toda la información percibida por la vista a través de los nervios ópticos.

Las lesiones en esta área provocan problemas de reconocimiento y procesamiento de las imágenes captadas. Con respecto a las localizaciones de los aspectos como la atención, el lenguaje o la memoria, hay que indicar que existen distintas estructuras implicadas en cada una de ella, produciendo la lesión de uno de los lóbulos la pérdida total o parcial de dicha función.

Antecedentes investigativos

Esta información se obtuvo inicialmente por los análisis de cerebros post-mortem, donde se analizaban las estructuras visibles dañadas de personas que en vida mostraban algún tipo de deficiencia o problema cognitivo o comportamental. Así, uno de los casos más reconocidos en la historia es el de Phineas Gage, quien sufrió un accidente laboral en la mina, donde le atravesó en el cráneo una barra con la que trabajaba, a partir de entonces, su comportamiento cambió siendo errático, imprevisible e incluso temerario.

El estudio post-mortem permitió conocer las áreas afectadas, en concreto el lóbulo frontal izquierdo, lo que permitió establecer las primeras hipótesis sobre el papel del lóbulo frontal en el control de los impulsos, el juicio, así como participa de la planificación, coordinación, ejecución y supervisión de conductas.

Actualmente, el avance de las técnicas permiten observar el cerebro trabajando en vivo ante determinadas funciones, lo que ha permitido conocer no solo las áreas cerebrales implicadas, sino también las vías de comunicación entre áreas y subcorticales de determinados procesos. Sean de tipo más fisiológico o cognitivos, lo que aplicado al ámbito de la medicina, permite comparar el cerebro de los pacientes con el cerebro “normal”.

Así pues, determinar en qué punto del mismo se encuentra el “problema” en cada caso, especialmente importante a la hora de la intervención quirúrgica, cuando el resto de los tratamientos no tienen la eficacia esperada para la resolución del “problema”. Las diferencias morfológicas o de densidad dan pistas actualmente a los neurólogos sobre los problemas que puede sufrir el paciente, así es característico la presencia de placas seniles y ovillos neurofibrilares en el cerebro de los pacientes, igualmente es característico en esta enfermedad la pérdida de densidad de las estructuras neuronales, observándose un incremento del tamaño de los ventrículos.

El profesional como figura de aprendizaje

El profesional en la educación es una de las figuras más importantes en nuestra sociedad. Sobre él recae toda la responsabilidad de la capacitación y la formación de la cultura en una sociedad como comunidad. Por ello, el mismo debe tener pleno conocimiento en muchos ámbitos, además de tener la habilidad de realizar el proceso de transmisión del conocimiento de manera efectiva.

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