Admiración como causa de la filosofía
La admiración como causa de la filosofía hace parte del desarrollo del pensamiento humano actual.
facultad de educación · educación secundaria y bachillerato
mar. 25 de may. 2021
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¿Qué condiciones psicológicas fueron necesarias para que surgiera la filosofía? Más adelante se verá que también las condiciones políticas jugaron un papel fundamental en su origen, pero en este caso se hablará solo del estado psicológico o anímico que provocó el comienzo de un nuevo modo de preguntarse por las cosas. Se verá que hay diferentes formas de responder algo muy semejante: aunque todas las respuestas remiten a la admiración como causa de la filosofía, sin embargo, a su vez, aquello que lleva a la admiración pueden ser cosas muy diversas: la inmensidad de la naturaleza, la propia ignorancia, etc.

La pregunta por la causa de los efectos

En su Metafísica dice Aristóteles que el asombro o admiración surgen del desconocimiento de lo que provoca los fenómenos y acontecimientos naturales.

Más es preciso, en cierto modo, que su adquisición [de la filosofía primera] se convierta para nosotros en lo contrario de las indagaciones iniciales. Pues todos comienzan, según hemos dicho, admirándose de que las cosas sean así, como les sucede con los autómatas de los ilusionistas [a los que aún no han visto la causa], o con los solsticios o con la inconmensurabilidad de la diagonal (pues a todos les parece admirable que algo no sea medido por la unidad mínima).
Pero es preciso terminar en lo contrario y mejor, según el proverbio, como sucede en los casos mencionados. Después que se ha aprendido: pues de nada se admiraría tanto un geómetra como de que la diagonal llegara a ser conmensurable

(Met., I, 983 b 14-20).

Uno ve las cosas moverse y actuar unas con otras, por ejemplo, ve crecer los árboles y ve comportarse a los animales; el ir y venir de las golondrinas persiguiendo al verano, y bien, todo eso por qué ocurre de ese modo. Por qué hay orden entre las cosas, no solo en cuanto a la disposición espacial de las partes de un animal, sino a nivel. Podríamos decir, macro cósmico, de dónde el orden y belleza del firmamento.

¿Cómo puede haber una relación tan estrecha entre las estaciones, las cosechas y el movimiento de los astros? ¿De dónde que la regularidad y constancia domine esos seres que están por encima de nosotros y que a su vez el movimiento de esto actúe sobre nuestro mundo terrenal? Como se ve, son muchas las cuestiones que pueden causar la admiración si se mira con atención a la naturaleza y sus procesos.

El reconocimiento de la propia ignorancia

Para Sócrates, por el contrario, la admiración surge a la par que la perplejidad. A saber: Cuando uno cae en la cuenta de su propia ignorancia sobre un asunto en concreto. Al mismo tiempo cuando eso le lleva a dudar de sus propias posiciones y en general, sobre lo difícil que es llegar a la verdad. En el diálogo Teeteto habla Sócrates de la admiración como causa de la filosofía. Sobre todo, de que, en la ausencia de tal estado psicológico, es decir, sin haber pasado antes por él, no se puede aprender nada en filosofía.

Platón debía estar pensando sobre todo contra los sofistas y sus discípulos que se congratulaban de saber de todas las cosas y poder convertir el argumento más débil en el más fuerte. Todo ello porque dominaban la técnica para hacerlo, de tal modo que no necesitaban aprender nada ni de nadie porque ya sabían. Según Sócrates este es el gran engaño de los sofistas, a saber; que en la medida en que creen que ya saben se vuelven incapaces de aprender. En el fondo convierten su técnica en un camuflaje para que no se descubra su propia ignorancia.

El distanciamiento respecto de los propios prejuicios

Para poder hacer filosofía, y sobre todo para que esta nazca y se arraigue, es necesario estar desprendido de las propias ideas. En la medida en que se descubren que se las sostiene por convención y tradición antes que por haberlas sometido a un examen racional. Una condición necesaria para el filósofo es que solo se conforma con la verdad. Por tanto, que es necesario un continuo examen de las propias posiciones, creencias, convicciones sobre los más diversos asuntos antes de defenderlos a ultranza.

Un ejemplo puede servir: en muchos de sus diálogos Platón no termina con una enseñanza clara y verdadera. Deja los diálogos sin terminar con la pregunta todavía sobre la mesa. No se trata de un burdo escepticismo, sino de una manera de advertir que la filosofía no trata tanto de encontrar fáciles respuestas como de hacerse difíciles preguntas cuyas respuestas no están desde luego en los prejuicios arraigados de la propia cultura.

La propia cultura y los propios prejuicios son un buen punto de partida para iniciar el examen, pero la distancia con respecto de ellos, en la medida en que deben ser criticados para sacar qué tienen de verdaderos y qué no, es igual de necesaria.

El inconformismo ante las respuestas tradicionales

En estrecha conexión con lo anterior está la capacidad de salir de la propia tradición para valorar los asuntos con más objetividad. Los primeros filósofos griegos entraron en conversación con otras culturas como la egipcia, la fenicia o la persa, cayeron así en la cuenta de que hay muchas maneras de responder a cuestiones que nos conciernen a todos los seres humanos por igual.

Esto causó como no podía ser de otra manera mucho asombro, porque relativizaba el modo en que se hacía en el propio lugar de origen, es decir, al no ser el único tampoco tenía por qué ser el verdadero. La respuesta a los más diversos asuntos no se alcanza de un modo inmediato, sino que es precisa la propia experiencia y la de los demás, la propia tradición y la ajena, etc.

El amor incansable a la verdad y la belleza

En su diálogo el Banquete dice Platón que el que contempla la belleza engendra cosas buenas y que tal es el quehacer del filósofo. Enamorarse de la verdad y rendirle culto con su vida. Sócrates narra en ese banquete o simposio, que ha recibido una revelación de la sacerdotisa Diotima. Como ya ocurrió en otros diálogos de Platón como Apología o Fedón, se equipará a Sócrates con un mensajero que no tiene una sabiduría alcanzada por medios humanos, sino recibida de un ser superior.

La intención que subyace a esa narración es que Sócrates no enseña de su propia sabiduría, sino que aspira a una más alta, ante la que el primer movimiento es señalar la propia ignorancia, y más adelante, el intento por no faltar a ese mensaje recibido, sino hacerlo crecer en otras almas además de la suya.

El profesional y la filosofía

Para el profesional en educación, la filosofía resulta un pilar base en el proceso de aprendizaje. Esto se debe a que en la misma se construyeron muchas hipótesis que hoy en día se tienen en cuenta como leyes. Por esta razón los profesionales del área educativa buscan capacitación constante, de manera que sus conocimientos les permitan aplicar diversas técnicas en su labor.

En TECH Universidad Tecnológica se desarrollan diversas especializaciones enfocadas en el éxito laboral. Ejemplo claro de ello es su Facultad de Educación, donde pueden hallarse especializaciones tales como la Maestría en Docencia Universitaria y la Maestría en Español como Lengua Extranjera. Sin embargo, para aquellos profesionales que buscan enfocarse en el ámbito de la filosofía, la mejor elección será la Maestría en Enseñanza de Filosofía y Valores Éticos.

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