Guerra fría

La guerra fría fue un suceso histórico de alto impacto que genero muchos cambios en la vida y el recorrido humano.

facultad de periodismo y comunicación
viernes, 29 de julio de 2022
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Se conoce comúnmente como Guerra Fría a la época que va desde el fin de la II Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín en 1989 (lo cual supondrá también el desmembramiento de la URSS). El periodista Walter Lippmann será quien popularice el término (aunque no quien lo cree) a la vista de los enfrentamientos velados entre los dos bloques de nueva creación: el proestadounidense y el prosoviético. Pese a ser aliados durante el conflicto contra la Alemania nazi, EE. UU. y la URSS representan dos formas de entender el Estado totalmente contrarias, enfrentando capitalismo y socialismo como antagónicas desde el momento en que Hitler cae.

Sin embargo, aunque en etapas anteriores lo lógico habría sido que estas diferencias por la supremacía mundial acabasen en una nueva guerra abierta, la amenaza de la bomba nuclear, recién probada por los americanos contra Japón, sería la que mantendría a ambos gobiernos sin enfrentarse de manera directa durante tantos años. No obstante, esto no sería impedimento para que ambos países y sus respectivos aliados comenzasen a acumular arsenales nucleares, utilizándolos principalmente como medidor de la potencia armamentística de ambos, pues sabían que, de utilizarse, la hecatombe que podría provocar una guerra con tal armamento tendría unas consecuencias catastróficas para todo el globo.

El cruce de amenazas en este aspecto llegará en 1960, con la crisis de los misiles de Cuba, en los que ambas superpotencias tendrán sus propios ‘botones rojos’ preparados para disparar al contrario durante meses. El conflicto entre norteamericanos y soviéticos se representará de forma clara en otras guerras, como en la de Corea (1950-1953), la de Vietnam (1955-1975) o la del Yom Kipur (1973), en las que ninguno se declarará abiertamente enemigo del otro sobre el terreno, pero apoyarán a diferentes bandos con todo su arsenal.

Información. Medios al servicio de los bloques

Tras la II Guerra Mundial, el paradigma de la información cambia por completo en todo el mundo. Los países derrotados, principalmente Alemania, sufren una profunda transformación en su forma de organizar los medios de ocupación, en gran parte por el hecho de que su partición tras la caída de los nazis creará zonas de influencia norteamericana y soviética totalmente diferentes.

De una manera similar, aunque con mayores libertades, se comienzan a reconstruir los sistemas de medios en los países que habían sido ocupados, como Polonia, donde la autonomía de su propio Gobierno comienza a dar pasos para implantar una nueva libertad de prensa. Ya durante los años más fuertes de la Guerra Fría, es decir, a partir de 1947, se vislumbrarán destacadas diferencias en cuanto al tratamiento de la información en los diferentes estados, dependiendo de a qué bloque pertenecieran.

En el caso de los prosoviéticos, existían férreas regulaciones dentro de la libertad de prensa, estando la mayoría de medios controlados por el poder gubernamental, el cual los solía utilizar como aparatos propagandísticos. Su principal característica será la actitud defensiva tanto de sus informaciones procedentes de periodistas como de su propia propaganda, pues fuera de los países que controla por estar bajo una órbita de gobiernos soviéticos, el resto mantendrá una fuerte propaganda anticomunista. Su mayor fuente de difusión externa para tratar de contrarrestarlo será Radio Moscú, que emitirá a miles de kilómetros de distancia y ampliará sus servicios en varias lenguas a lo largo de los años, para tratar de lograr un mayor alcance (Martín Aragonés, 1998).

Propaganda de confrontación

Si entre la I Guerra Mundial y la II se produce una gran explosión en términos propagandísticos, a partir de 1945 la mayoría de países habrán conocido cuáles son sus límites. Con el mundo dividido en dos bloques, los aparatos de propaganda de cada uno se diferencian enormemente. Mientras que la facción soviética mantendrá una línea similar a la que llevaba desde antes del conflicto. Esto primando los símbolos revolucionarios y la unión de los pueblos; la facción occidental tomará una decisión fundamental: rechazar el término propaganda.

El hecho de comprobar que, tras la guerra, el concepto se ha asociado con algo negativo hace que los principales estrategas de los EE. UU. estimen que lo más oportuno es comenzar a hacerla de forma sutil y velada, recibiendo además influencias de la publicidad comercial. Al dejar de existir enfrentamientos bélicos directos entre las dos superpotencias, la propaganda se adapta a los nuevos formatos para poder seguir usándose. Se transfiere su importancia a los procesos electorales, principalmente en los occidentales.

La competición desarrollada por el voto es el contexto que más se asemeja a la lucha de las armas. Por ello el control de la información por parte de cada partido se hace indispensable. Esto llevará a las grandes agencias a ser uno de los puntos de poder del momento. Esto, ya que por sus manos pasarán todos los datos y noticias que ocurren en el mundo. Es en esta época cuando los políticos americanos y europeos comprueban que la información es poder. Además, poco a poco comienzan a verse nuevas opciones de hacer propaganda. Esto sin que estas acciones se noten, gracias principalmente a la acción de un nuevo actor: la televisión.

Caza de brujas en EE.UU.

Las posturas anticomunistas en EE. UU. no solo se quedarán en la propaganda tanto interna como externa que se producirá; sino que inundará las instituciones federales y empapará todas las capas de la sociedad. En 1950, el Congreso aprueba las Leyes de Seguridad Interna, y en el 52, las de Inmigración y Nacionalidad. Ambas regulaban y restringían la actividad de las agrupaciones de tinte izquierdista y prohibían la entrada en el país de personalidades comunistas reconocidas.

Tradicionalmente, la llamada ‘caza de brujas’ contra los sospechosos de ser comunistas en Estados Unidos. Llega a su punto álgido con el senador republicano Joseph McCarthy entre 1950 y 1954. Este aprovecha la ola de crispación surgida de la detonación de la primera bomba atómica soviética (1949) para situarse en primera línea y acusar, con nombres y apellidos, a decenas de actores, productores y guionistas de Hollywood, periodistas de papel y televisión e incluso a trabajadores de las instituciones y políticas.

Durante varios años se desarrolló el llamado ‘macartismo’. Este llevó a las corrientes anticomunistas a perseguir cualquier tipo de acción que pudiese dejar a una persona como partidaria de ideas de izquierda. Llegando a enjuiciar e incluso a condenar a progresistas que nunca habían tenido contacto con la URSS. Uno de los casos más graves sería el del señalamiento de periodistas; pues muchos llegaron a tener que declarar por, presuntamente, haber difundido ideas comunistas en informativos o noticias de prensa. El presentador Edward Murrow será el principal detractor de McCarthy en este terreno. Llegando a invitar al senador a su programa para retratarle y desmentir punto por punto sus acusaciones.

La guerra y el periodismo

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