Las dictaduras
En la historia de España han habido dictaduras que han marcado, por sus crisis, radicalmente el funcionamiento del país.
facultad de geografía e historia · historia
vie. 05 de nov. 2021
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En la Historia de España han existido dictaduras que han marcado radicalmente el funcionamiento del país. Sin embargo, en el presente artículo no se hará énfasis en ellas de forma específica, sino en las crisis de cada régimen y, en consecuencia, las causas de cada golpe de estado.

Primo de Rivera

La crisis del régimen y las bases del golpe militar

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, teniente general don Miguel Primo de Rivera, se levantaba contra el gobierno de Madrid. En principio, debía encarnar al cirujano de hierro del que hablaba Joaquín Costa, pero no fue así. Costa defendía una solución radical ante el problema de la oligarquía y del caciquismo que presidieron el sistema político español en el proceso de construcción y consolidación del Estado liberal, cuando otras soluciones dejaron de funcionar o no funcionaron. Costa debía encauzar el país hacia una democracia de forma dictatorial, pero provisional. No obstante, al final se convirtió en un militar que daba un golpe para gestionar el poder y permanecer en el cargo. Así pues, como en otros casos, se trató de un ejemplo más de militarismo antiguo.

Respecto de sus orígenes, éstos se pueden rastrear en las Juntas de Defensa de artillería que aparecieron durante el gobierno liberal de García Prieto. No obstante, el régimen dictatorial tuvo un recorrido más amplio porque diseñó una nueva estructura de poder. Aunque esencialmente se trató de la toma del poder del ejército estableciendo una cadena de mando desde el capitán general, el rey, hasta un teniente que gestionase una junta municipal.

Causas del golpe

En cuanto a las causas del golpe, éstas fueron las siguientes:

  • La pasividad de la sociedad. Incluso hubo intelectuales que apoyaron el golpe (aunque otros como Unamuno se opusieron a él).
  • La crisis política del sistema de la Restauración. Como se sabe, los gobiernos de concentración y la ruptura del turnismo.
  • El auge de los nacionalismos.
  • Las tensiones sociales. Los efectos del trienio bolchevique, así como el pistolerismo, las huelgas repetidas, la actuación represora de los gobiernos y del ejército, y las represalias obreras, generaron unas fortísimas tensiones sociales.
  • Las tensiones militares tras el desastre de Annual.
  • El apoyo del ejército, la indiferencia de Alfonso XIII, pero también de amplios sectores de la sociedad.

Por medio de un manifiesto, el teniente general encargado de la Capitanía General de Cataluña hizo públicos sus planes políticos en los que consideraba que representaba la voluntad nacional. Así pues, manifestó que su objetivo era salvar al país de la difícil situación social y política. La Corona lo refrendó, pero, aunque no estaba de acuerdo. Con ello finalizó el régimen parlamentario liberal de la Restauración.

Lo que en principio iba a ser una situación provisional se prolongó durante siete años. Era el culmen del proceso decrisis y destrucción definitiva de los partidos conservadory liberal, y del sistema político de la etapa precedente. De hecho, aunque entre la huelga general de agosto de 1917 y 1923, los acontecimientos, las tensiones sociales y políticas, empujaron al régimen hacia una progresiva democratización, el poder y los sucesivos gobiernos de concentración, bloqueron este proceso.

Hechos previos al golpe

Ante la situación de crisis de las bases de la Restauración (crisis política, conflictos sociales, conflictos con los nacionalismos, y problemas a raíz de la cuestión de las responsabilidades de lo sucedido en Annual), era muy posible que el rey resolviera la crisis del país encargando a un militar la formación de gobierno. Así pues, el teniente general Primo de Rivera viajó desde Barcelona, donde comandaba la región militar, hasta Madrid. En la capital anunció a la cúpula del ejército y a Alfonso XIII su intención de formar un directorio militar para acabar con la práctica política imperante hasta entonces. Consistía, básicamente, en la ruptura del turnismo y en la inestabilidad de los gobiernos de concentración.

Por ello, declaró que no era un golpista, sino heredero del regeneracionismo costista. Representaba la solución que ya había propuesto Joaquín Costa: el cirujano de hierro que eliminaría, quirúrgicamente, el cáncer de la sociedad y de la política: los políticos civiles corruptos que se amparaban en el caciquismo para gobernar.

Como se sabe, la situación del país estaba muy revuelta por la cuestión de las responsabilidades a raíz del desastre de Annual y por la crisis económica de los años veinte. Esta crisis había provocado, además de los problemas que se estaban acumulando, una fuerte presión fiscal. Como consecuencia, estaban estallando duros enfrentamientos entre cerealistas e industriales por los aranceles. Fueron éstos últimos los que salieron beneficiados. 

El directorio militar 1923-1925

Nada más al producirse el golpe se creó un Directorio Militar, cuyo presidente, como ministro único era el teniente general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Así pues, el sistema que se estaba implantando, aunque sólo fuese de forma eventual, era un régimen militar de gobierno directo en el que las Fuerzas Armadas ocupaban todos los cargos del gobierno y puestos de decisión desde el Estado central hasta las instituciones provinciales y locales.

En concreto, estaba compuesto por un general de brigada por cada región militar, y un contraalmirante. De este modo, eran 9 militares de alta graduación que estaban sometidos, jerárquicamente, al teniente general Primo de Rivera. Por supuesto, al rey en calidad de capitán general.

El objetivo, en principio, era poner orden en el país y, aunque la Constitución de 1876 no fue oficialmente derogada, se suprimieron, por la declaración del Estado de Guerra, algunas garantías constitucionales (la libertad de expresión, reunión y asociación…) y se disolvió el Congreso de los Diputados y la parte electiva del Senado.

Directorio civil

Tras el triunfo en Marruecos, Primo de Rivera empezó a gozar de una considerable popularidad. Parecía que el Ejército podía dejar el poder y así, en diciembre de 1925, el general constituía su primer gobierno civil. Aunque las carteras de Gobernación, Guerra, Presidencia y Vicepresidencia estaban ocupadas por militares.

Oposición al régimen

La oposición más firme al régimen se produjo entre los sectores desplazados por la dictadura, como los restos de los partidos del turno y del republicanismo, los sectores descontentos del Ejército, comunistas y anarcosindicalistas, los Sindicatos Católicos y los Sindicatos Libres, que se sintieron postergados por laUGT en los Comités Paritarios y, al final del régimen, la oposición de los empresarios y propietarios (sus iniciales apoyos) e incluso de Alfonso XIII.

Relaciones con el ejército

Las relaciones con el Ejército se enturbiaron cuando la mayor parte de generales de graduación, superior al de general de brigada, no entraron en el directorio militar. Además, con la creación del directorio civil y los indicios de que el dictador pretendía perpetuarse en el poder, y como la mayor parte de los militares de alta graduación estaban relacionados con el régimen de la Restauración, empezaron a impacientarse porque la dictadura estaba durando ya demasiado.

Las relaciones con el monarca no habían sido muy problemáticas hasta 1926, pero en ese año tuvo lugar un conflicto entre Primo de Rivera y los oficiales de artillería porque el dictador intentaba suprimir la escala cerrada y adoptar el ascenso por elección. La raíz del asunto era la división del ejército debida al asunto de los ascensos. Mientras las Armas facultativas de Artillería e Ingenieros defendían los ascensos sólo por antigüedad, el Arma de Infantería defendía los ascensos por méritos de guerra. Primo de Rivera decidió aceptar los ascensos por méritos de guerra (contra lo legislado en 1918, que conllevaba ascensos escasos).

Como consecuencia, los artilleros iniciaron una huelga en 1926 y Primo de Rivera suspendió de empleo y sueldoa dos mil jefes y oficiales, cerró la Academia de Artilleríade Segovia e impuso multas importantes. El rey intentó establecer una especie de pacto con los artilleros, pero Primo de Rivera no estuvo de acuerdo y decretó la disolución del cuerpo.

Enfrentamiento con el rey

Otro de los motivos del enfrentamiento con Alfonso XIII fue la cuestión de la convocatoria de la Asamblea Nacional Consultiva. El rey se negaba a ella porque significaba la definitiva ruptura con el régimen liberal anterior y equivalía a unir su suerte a la de la dictadura, pero acabó aceptando. Sin embargo, a finales de 1929, el monarca estaba ya dispuesto a retirarle su confianza.

Esta Asamblea se convocó en 1926. Fue el intento de institucionalizar el régimen de Primo de Rivera, ante el deterioro en el que se sumía. Se trató de una institución pseudoparlamentaria por medio de la cual legitimar la prolongación de la dictadura. Sus funciones fueron fiscalizar la labor del Gobierno y preparar un nuevo marco constitucional, las Leyes Constituyentes de 1929.

La representación se ejercía por medio de un delegado por municipio y otro por provincia, uno por cada organización provincial de la Unión Patriótica, representantes por derecho propio del Estado y de las actividades de la vida nacional. Todos ellos estaban al final nombrados por el gobierno, pero no se llegó a nada porque la dictadura cayó antes.

Los nacionalismos

El programa del dictador era básicamente regeneracionista. Como uno de los problemas básicos del sistema de la Restauración había sido los nacionalismos periféricos, intentó resolverlo.

En un principio benefició a los nacionalismos, pero poco apoco se vio la separación entre la Lliga Regionalista catalana y Primo de Rivera. Puig i Cadafalch, en principio, estaba de acuerdo con el golpe, pero otros como Cambó no tanto.

Un año y medio tras el septiembre de 1923, la situación cambió y se prohibieron el catalán y algunas publicaciones catalanistas juveniles. De hecho, a los pocos días del golpe del 13 de septiembre, el 18, el dictador prohibió toda manifestación cultural o pública que no fuese en castellano, así como los signos de otras culturas no castellanas. Al principio parecía que iba a tolerar la Mancomunidad, pero a raíz del Estatuto Provincial de 1925, los catalanes rompieron con el dictador, debido a que impedía la formación de instituciones políticas regionales.

Las organizaciones patronales

Las organizaciones patronales se opusieron al régimen cuando aumentó el intervencionismo y Calvo Sotelo. Su objetivo era financiar un ambicioso plan de obras públicas, gravó la propiedad territorial, granjeándose la oposición de los grandes propietarios.

En cuanto a los grandes bancos, estos se enfrentaron también al dictador porque la dependencia de la tecnología extranjera hizo crecer las importaciones en lugar de recurrir a la producción nacional.

La pequeña industria y el comercio se sintieron postergados por la protección y la atención que el régimen prestaba a la gran industria, además de sufriruna presión fiscal excesiva.

Dentro de la patronal había roces entre los partidarios de la política de órganos mixtos patronos-obreros y los opuestos a cualquier legislación social y laboral. Roces que se manifestaron claramente en 1926 cuando se creó la Organización Corporativa Nacional, puesto que algunos rechazaban el Comité Paritario y otros no. Sin embargo, en 1928 ya toda la patronal en bloque se oponía al régimen y al Comité Paritario porque consideraban que sólo se legislaba a favor de la clase obrera. Pero la situación llegó al culmen cuando, ante el problema del déficit público, se intentó emitir Deuda Pública por la inoperancia de la política fiscal. Esto, unido a la caída sistemática de la Bolsa, terminó por arrastrar a los empresarios y clases medias en contra del sistema.

Oposición de estudiantes, republicanos, anarquistas, socialistas

Era necesaria una solución dentro de un sistema parlamentario. Ya en enero de 1929 hubo una intentona de sublevación militar en Barcelona que había contado con el apoyo de anarquistas, cada vez más fuertes desde la creación en 1927, de la FAI (Federación Anarquista Ibérica). Los oponentes iban en aumento y también en 1927, Macià intentaba una conjura.

En 1929, los estudiantes de la Federación Universitaria Española también se alinearon en contra del nuevo régimen. Además, unos años antes, en 1925, Manuel Azaña creó un nuevo partido republicano burgués, Acción Republicana. Pero, además, estaba el movimiento republicano de la Alianza Republicana de 1926, formado por elementos del antiguo Partido Reformista de Melquíades Álvarez, y desde 1929, el Partido Republicano Radical Socialista de Álvaro de Albornoz y Marcelino Domingo.

También se opusieron al dictador el PSOE, el Estat Catalá de Macià y Nicolau d ́Ollwer, todos ellos republicanos. A estos se unirían también los monárquicos sin rey como Ossorio y Gallardo, Miguel Maura o el antiguo ministro de la Guerra del partido Liberal Niceto Alcalá Zamora (monárquicos que ya no confiaban en Alfonso XIII).

Berenguer y Aznar: la Dictablanda

En diciembre de 1929, Primo de Rivera, falto de apoyos, tomó la decisión de abandonar. El rey designó al general Dámaso Berenguer en enero de 1930 para sustituirlo, iniciándose una nueva etapa: La dictablanda. Este período se caracterizó por el intento de diseñar una transición hacia el sistema de 1876, pero esto ya no era posible. Ni los liberales ni los viejos republicanos aceptaban una transición dirigida por él. Además, su falta de experiencia le llevó a demorar demasiado el retorno a la Constitución de 1876.

Su proyecto consistió en convocar directamente elecciones a Cortes según las normas que emanaban de la Constitución de 1876. Sin embargo, la sublevación de Jaca, la celebración del Pacto de San Sebastián y la formación de un Comité Revolucionario acobardaron al general Berenguer.

Además, su evidente incapacidad para adoptar una política económica coherente, puesto que no pudo frenar el paro (se paralizaron las obras públicas para ahorrar en gasto público) aumentó el descontento contra él. Un descontento que también cundió entre las clases medias. Clases medias que formaban la Unión Monárquica Nacional (nuevo nombre de la Unión Patriótica) y que fueron abandonando este partido, al Rey, al sistema político, al régimen, y fueron fortaleciendo el republicanismo.

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