La ciencia histórica en el siglo XIX
Desde el siglo XIX aparecen varias corrientes historiográficas importantes de estudiar debido al entendimiento del pasado y las evidencias actuales.
facultad de geografía e historia · historia
vie. 12 de mar. 2021
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A lo largo de toda la historia se han dado cambios y corrientes historiográficas importantes que han sido estudiadas desde diferentes perspectivas y áreas tanto científicas como sociales. El entendimiento del pasado es importante debido a todos los impactos sociales, económicos y políticos que hoy en día todavía se pueden evidenciar.

Según Josep Fontana, desde el siglo XIX aparecen diferentes corrientes historiográficas que se pueden incluir en tres grandes grupos:

  • Historicismo: corriente historiográfica académica y conservadora que no cuestiona las esencias del sistema en el que se vive.
  • Historiografía marxista: desde el análisis histórico propone un nuevo horizonte civilizatorio.
  • La Escuela de los Annales: la tercera vía.

La escuela alemana

El historisismo

El siglo XIX es el siglo de las revoluciones liberal-burguesas y nacionalistas. La burguesía triunfante trató de crear un sistema que le permitiera desarrollar sus actividades económicas, disfrutar del poder y de la toma de decisiones, pero, al mismo tiempo, lograr que las masas de trabajadores sintieran que pertenecían a un constructo común con sus patronos. Este constructo es el Estado-nación.

No obstante, este Estado tenía sus raíces en las monarquías absolutas de la Edad Moderna. Aun así estaban dotados de una diferente distribución del poder que, por otra parte, estaba fundamentado en otras fuentes. Así pues, la historiografía, como disciplina generadora de un relato legitimador del poder, debía cambiar porque el poder estaba siendo repartido y legitimado sobre otras bases.

Estas bases ya no eran religiosas en el sentido judeocristiano del término, sino más bien se referían a un pasado que se tenía que construir, mítico, pre-ilustrado incluso, medieval, etc. Era el período del romanticismo.

La consecuencia de estas nuevas bases y realidades políticas iba a ser una nueva forma de escribir el relato. Esta nueva forma explicaba los fenómenos desde otra perspectiva, porque los protagonistas pasaban a ser, en ocasiones, personalidades que venían del pueblo. Pero que, al tiempo, ejercían un papel de héroes. Naturalmente, disfrutaban del poder porque realizaban alguna acción heroica.

De esta manera, a principios del siglo XIX, en el entorno alemán, se encuentra una simbiosis entre la tradición histórico-literaria que utiliza elementos míticos con la erudición documental que proviene de la práctica histórica del XVIII. Así pues, con esta simbiosis, se asistió al surgimiento de la ciencia histórica.

El origen de esta práctica es la actividad desarrollada por los juristas de la Universidad de Gottinga (Hannover), que resumen y depuran los datos para escribir sus obras históricas. Huyen, por tanto, de la simple biografía de reyes y héroes, o de la narración detallada de batallas. Su actividad intelectual es plenamente científica.

Crisis del historisismo

Este enfoque científico-cultural de los historiadores historicistas entra en crisis a finales del siglo XIX. Estos historiadores escriben sus obras en un contexto histórico muy concreto, que es el afianzamiento de la ideología nacionalista-burguesa y la revolución industrial. No obstante, los conflictos internacionales y los problemas sociales producto de la industrialización acelerada, a finales del siglo XIX ponen de relieve que el optimismo de la burguesía se debe cuestionar.

Aparición de una historia social

A nivel de la actividad historiográfica, esta crisis de los valores y de las ideas de optimismo burgués en el progreso continuo de la civilización, también le afecta. Desde entonces el historicismo empieza a cuestionarse. Era una forma de escribir Historia en la que los autores no cuestionaban un sistema que parecía que beneficiaba a toda la civilización. A finales del siglo es evidente que este modelo está agotado, pero no existe ninguna alternativa homogénea ni coherente ante el historicismo. Lo que sí se tiene claro es que la ciencia histórica no debe limitarse a narrar los hechos, sino a tratar de comprenderlos.

Por ello hay historiadores que, aunque no dispongan de un modelo intelectual homogéneo a seguir, saben que deben evolucionar y tratar de convertir la historiografía en una ciencia social basada en las pruebas.

Aparición de las academias y universidades

La expansión de la historiografía que se basa en los archivos para desarrollar su actividad es paralela, como se ha visto, al proceso de institucionalización y profesionalización de los estudios y prácticas historiográficas.

En el siglo XIX se crean cátedras y departamentos de Historia en las universidades europeas: en el entorno alemán desde 1810, en Francia desde 1812, en Gran Bretaña desde 1850… De esta manera, en el último cuarto del XIX, en Estados Unidos, existe una multitud de seminarios que se basan en las ideas de Ranke.

Otro hecho fundamental en este proceso de institucionalización es la apertura o la creación de archivos. Por ejemplo el Archivo Histórico Español, fundado en 1866, o de bibliotecas. Y, de forma complementaria, se regulan los mecanismos de acceso a la función pública de los historiadores; se regulan convenciones, congresos; se depuran y organizan las técnicas de edición de libros y documentos; se normativizan las reglas de citación de autores y de referencias bibliográficas.

Historia y nacionalismo

Historicismo como justificación de nacionalismos económicos

Como en muchas otras corrientes intelectuales, el nacionalismo es una de las bases ideológicas que determinan la producción historiográfica. Así pues, en el siglo XIX, aparecen las escuelas nacionales de historiadores. Por ejemplo, en el caso británico destaca Macaulay, un excelente narrador que se preocupa sobremanera por su estilo literario cuando escribe sus obras.

A nivel de orientación ideológica, Macaulay considera que el progreso es un elemento propio del devenir histórico. Así se adscribe dentro de la interpretación liberal de la Historia: con las libertades políticas y económicas, aunque dentro de un orden, la civilización sólo puede mejorar. Esto se puede constatar de su interpretación de la sociedad y de la cultura, que son los ámbitos en los que desarrolla su producción.

Entre los franceses destaca Jules Michelet, archivista exhaustivo. Trataba de conectar los conflictos políticos e ideológicos con las condiciones sociales y el contexto económico de cada coyuntura. Por ello, Michelet influye de forma evidente en la interpretación de la Historia que hace Karl Marx. Cuando escribe sobre la Revolución francesa acentúa la cuestión de la lucha del pueblo contra los acomodados. Pero, como es evidente, defiende la nación francesa resultante de la revolución.

Materialismo histórico

Antes de la irrupción de Marx en la Filosofía de la Historia, existía ya una reacción contra el historicismo secular que reforzaba los poderes instituidos. De esta manera aparece este filósofo que va a revolucionar no sólo el panorama político, sino también el panorama intelectual del mundo contemporáneo.

Con la irrupción de Karl Marx, un filósofo que se adscribiría en la izquierda hegeliana, se inicia la filosofía materialista de implantación política y vocación revolucionaria. Se asistió a la interpretación de los procesos históricos, considerando unas condiciones materiales y sociales consecuentes en movimiento y en conflicto. Según Lenin, en Marx influyen la filosofía clásica alemana, la economía política británica y el socialismo francés, o las doctrinas revolucionarias francesas.

Karl Marx comienza su actividad intelectual en el contexto de la industrialización de Europa. Se trata de un proceso de dimensiones muy amplias y de calado muy profundo. Altera las condiciones de las clases trabajadoras puesto que genera un intenso desarraigo campesino, la aparición de un proletariado que sólo dispone, como medio de subsistencia, de su capacidad de trabajo, etc.

Marx aborda todo este problema utilizando como herramienta intelectual el sistema hegeliano. Pero su esquema interpretativo, al final, aborda toda estructura sobre la que se asienta una sociedad. Éste incluye sus manifestaciones mentales y su organización política. En este proceso interpretativo, Marx acaba formulando una Filosofía de la Historia que se puede conceptualizar como la concepción materialista de la Historia o materialismo histórico.

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