El delito de estafa
El delito de estafa es uno de los casos más frecuentes que se pueden presentar en una población debido a que el mismo puede generar ganancias para el culpable.
facultad de derecho · penal
mar. 07 de dic. 2021
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De acuerdo con el art. 248.1 CP, “El delito de estafa lo cometen los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno”. A su vez, en el art. 249 se establece que “los reos de estafa serán castigados con la pena de prisión de seis meses a tres años. Para la fijación de la pena se tendrá en cuenta el importe de lo defraudado, el quebranto económico causado al perjudicado, las relaciones entre este y el defraudador, los medios empleados por este y cuantas otras circunstancias sirvan para valorar la gravedad de la infracción.

Si la cuantía de lo defraudado no excediere de 400 euros, se impondrá la pena de multa de uno a tres meses”. Es pacífica la jurisprudencia en cuanto a que “[e]l bien jurídico que se protege en la estafa es el patrimonio privado ajeno, cuando es atacado por medios insidiosos y fraudulentos (engaño)” (STS 674/2020, de 11 de diciembre (núm. rec. 616/2019), FJ 4º). Ahora bien, lo que sí ha suscitado cierto debate es la noción de patrimonio en sí.

Para un sector doctrinal, la respuesta se halla en una noción funcional-personal de patrimonio. V. gr. en la SAP de Madrid 232/2020 (Sección 23ª), de 9 de julio (núm. rec. 1343/2019, FJ 6º), se reconoce que “aun admitiendo los criterios del moderno concepto personal de patrimonio. Este según el cual «el patrimonio constituye una unidad personalmente estructurada, que sirva al desarrollo de la persona en el ámbito económico» (STS 23 abril de 1992.

Elementos objetivos del tipo

La estafa es un delito patrimonial con un componente defraudatorio que no es ajeno a otros tipos penales (piénsese en la deslealtad inherente a la administración desleal o en la ruptura de la relación de confianza en la apropiación indebida); pero que en cada uno de ellos presenta unas características propias a su estructura típica.

V. gr. STS 552/2020, de 28 de octubre: “El engaño de la estafa o el apropiarse para sí o tercero de la apropiación indebida son especies de deslealtad, infidelidad o fraude, sinembargo, no por ello pueden ser sinónimos entre sí. El momento temporal de su ejecución diferencia uno de otro delito”. A continuación, se estudiarán los elementos del tipo básico de estafa (art. 248 CP). Son cuatro los elementos del tipo objetivo de la estafa (por todas, STS 407/2016, de 12 de mayo (núm. rec. 841/2015, FJ 6º; SAP de Barcelona 212/2020 (Sección 9ª), de 11 de junio (núm. rec. 9/2020, FJ 6º):

  • Engaño “precedente o concurrente”. “Bastante por parte del autor del delito, para generar un riesgo no permitido para el bien jurídico (primer juicio de imputación objetiva); esta suficiencia, idoneidad o adecuación del engaño ha de establecerse con arreglo a un baremo mixto objetivo-subjetivo. Mismo en el que se pondere tanto el nivel de perspicacia o intelección del ciudadano medio como las circunstancias específicas que individualizan la capacidad del sujeto pasivo en el caso concreto” (STS 407/2016)
  • Error desencadenado por el engaño
  • Acto de disposición patrimonial, debido al error, en beneficio del sujeto activo o de un tercero
  • Perjuicio patrimonial, “que ha de aparecer vinculado causalmente a la acción engañosa y materializarse en el mismo el riesgo ilícito. Mismo que para el patrimonio de la víctima supone la acción engañosa del sujeto activo”

Engaño bastante y deberes de autoprotección

La jurisprudencia y la doctrina coinciden al concebir el engaño bastante como “espina dorsal” (por todas la SAP de Madrid 316/2020 (Sección 29ª), de 8 de octubre (núm. rec. 576/2020), FJ 3º) o “verdadero elemento nuclear del delito” (SAP de Barcelona 212/2020, FJ 6º), que se ha identificado con “cualquier tipo de ardid, maniobra o maquinación, mendacidad, fabulación o artificio del agente determinante del aprovechamiento patrimonial en perjuicio del otro y así ha entendido extensivo el concepto legal a «cualquier falta de verdad o simulación».

Cualquiera que sea su modalidad, apariencia de verdad que le determina a realizar una entrega de cosa, dinero o prestación, que de otra manera no hubiese realizado (STS. 27.1.2000), hacer creer a otro algo que no es verdad (STS. 4.2.2001). Por ello, el engaño puede concebirse a través de las más diversas actuaciones, dado lo ilimitado del ingenio humano y «la ilimitada variedad de supuestos que la vida real ofrece» (SSTS. 44/93 de 25.1, 733/93 de 2.4), y puede consistir en toda una operación de «puesta en escena» fingida que no responda a la verdad”.

En el art. 248 CP se prevé expresamente el carácter; “bastante” del engaño, carácter que implica que deba ser “suficiente o proporcional para la efectiva consumación del fin propuesto. Esto debiendo tener la suficiente entidad para que la convivencia social lo repudie y para que actúe como estímulo eficaz del traspaso patrimonial, valorándose dicha idoneidad tanto atendiendo módulos objetivos como en función de las condiciones personales del sujeto engañado y de las demás circunstancias concurrentes en el caso concreto, añadiendo la jurisprudencia que dicha maniobra defraudatoria ha de revestir apariencia de realidad y seriedad suficiente para engañar a personas de mediana perspicacia y diligencia, complementándose la inidoneidad abstracta con la suficiencia en el específico caso de que se trate”.

Error

El error consiste en una falsa representación, o conocimiento deformado o inexacto de la realidad originado por el engaño “bastante” del sujeto activo. Se ha planteado la posibilidad de excluir la estafa en supuestos en los que la persona presente déficit de capacidad o raciocinio. Sin embargo, “la afirmación del dictamen forense no es tan tajante como pretende el recurrente; sino que aparece matizada por las precisiones que se realizan en su contenido.

Así, tal como se recoge en el hecho probado, el perjudicado es una persona con un retraso mental importante, con una inteligencia correspondiente a un niño entre 10 y 12 años; es sumamente influenciable y susceptible de ser engañado, siendo totalmente incapaz para regir su vida y sus bienes. Por lo tanto, aun cuando se emplee la expresión «totalmente incapaz» no puede ser valorada aislada del resto del dictamen para extraer de ella la absoluta incapacidad de entender y de tomar decisiones, al menos las de cierta simpleza, como aceptar bienes o entregarlos a otras personas.

Es claro que un menor, con una edad comprendida entre 10 y 12 años, no puede concluir válidamente negocios jurídicos, pero sí puede valorar su entorno y tomar decisiones, aunque carezcan de valor jurídico. Si se trata de una persona mayor de edad, con apariencia de normalidad y hasta ese momento no incapacitado, una edad mental de 10 o 12 años le permite aceptar bienes y entregarlos a otras personas, así como suscribir documentos, con apariencia de normalidad y de validez, al menos hasta tanto se decida jurisdiccionalmente lo contrario.

Análisis y ejecución del juicio

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