Irrigación ósea

La irrigación ósea permite el nivel adecuado de lubricación en los huesos de manera adecuada para su respectivo movimiento.

viernes, 29 de julio de 2022
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Como todo tejido vivo, el hueso necesita de su aporte sanguíneo. La gran diferencia del tejido óseo con respecto a los tejidos blandos es la precariedad en cuanto a su vascularización y la lentitud con la que esta se restituye cuando se lesione. La irrigación ósea cuenta como este proceso permite una adecuada lubricación por parte de los diferentes sistemas en el ser vivo.

Irrigación normal del hueso maduro

Un riego sanguíneo adecuado del hueso es necesario para que este desarrolle su función fisiológica normal. Clínicamente, la mayoría de los problemas vasculares se producen en los huesos largos. El flujo sanguíneo de estos huesos procede de tres fuentes:

  • Sistema vascular aferente
  • Sistema vascular intermedio del hueso compacto
  • El sistema vascular eferente

Sistema vascular aferente

El sistema vascular aferente es el encargado de transportar sangre arterial y está comprendido por:

  1. La arteria nutricia principal
  2. Las arterias metafisarias proximal y distal
  3. Las arteriolas periósticas en las uniones musculares

Fisiología del sistema vascular aferente

La arteria nutricia principal tiene origen en otra arteria y viaja dentro de la fascia para penetrar en la corteza ósea a lo largo de una unión fascial principal. Estos vasos viajan a través del espesor completo de la corteza hacia la cavidad medular, a través del agujero nutricio donde se dividirá en dos ramas, una ascendente y otra descendente, estas ramas, a su vez, se dividen en arteriolas, las cuales irradian desde la arteria nutricia, penetran en la corteza y abastecen los vasos sanguíneos haversianos. Estas arteriolas proporcionan el suministro aferente completo a los 2/3 internos de la diáfisis cortical.

En general, la arteria nutricia suministra, aproximadamente, el 30 % del flujo sanguíneo a toda la tibia canina y el 70 % a la diáfisis de la tibia. Además de a la corteza, la arteria nutricia también suministra a la cavidad medular. Aproximadamente, el 70 % del flujo sanguíneo se dirige a la corteza y el 30 % a la médula. Las arteriolas se ramifican de la arteria nutricia y luego se arborizan y entran en los sinusoides medulares.

En el hueso sano, las arterias metafisarias no proporcionan una contribución sustancial al sistema vascular aferente. Estos vasos múltiples sirven como un suministro eferente de la metáfisis, ya que sus ramas terminales se anastomosan con arteriolas medulares en los extremos de la cavidad medular. En los casos en que la arteria nutricia se daña por trauma o cirugía, estas arterias pueden hipertrofiarse rápidamente para asumir el suministro de sangre cortical. En los animales maduros, el suministro de sangre de la arteria perióstica está menos desarrollada que en los inmaduros.

Sistema vascular eferente

El sistema de drenaje venoso (eferente) del hueso cortical se produce en la superficie del periostio. En el pasado, algunos autores han descrito el drenaje venoso como centrífugo, aunque se ha visto que la sangre a través del sistema vascular eferente ocurre, fundamentalmente, en dirección centrípeta. En ambos, tanto en adultos como en animales jóvenes, la corteza y la cavidad medular drenan de forma separada, sin embargo, este sistema en la cavidad medular se ha relacionado con su actividad hematopoyética.

Fisiología del sistema vascular eferente

Dentro de la cavidad medular, las ramas venosas se vacían en los sinusoides que se acumulan en un seno medular central. Las venas emisoras y la vena nutricia penetran en la corteza para devolver la sangre a la circulación venosa. La sangre de la corteza fluye hacia la superficie perióstica, vaciando su contenido en vénulas que se unen a las venas periósticas antes de proceder a la circulación sistémica.

Sistema vascular intermedio del hueso compacto

Los vasos de los huesos compactos son intermedios entre los sistemas aferentes y eferente y funcionan como una red vascular, donde se produce el intercambio entre la sangre y el tejido vivo adyacente. Este sistema está compuesto por:

  • Canales corticales de Havers
  • Canales de Volkmann
  • Diminutos canalículos que transportan nutrientes a los osteocitos

Fisiología del sistema vascular intermedio del hueso compacto

A medida que los vasos aferentes penetran en el hueso cortical, suministran su aporte sanguíneo a todos los vasos haversianos a lo largo de su recorrido. Estos vasos haversianos forman el suministro vascular intermedio que une los sistemas aferentes y eferentes, esta anastomosis es formada por los conductos de Havers y de Volkmann, cuya finalidad es la de aportar nutrientes a los osteocitos localizados en las lagunas de Havers.

A nivel microscópico, los vasos sanguíneos de los huesos largos se localizan dentro de Haversian (central) y de los canales de Volkmann (perforantes) en el hueso compacto y pasan más allá de la cavidad medular, a través de las trabéculas del hueso esponjoso. Tanto en los canales de Havers como de Volkmann, los vasos sanguíneos están acompañados de nervios.

Estos se desplazan longitudinalmente por solo 1 a 2 mm antes de la terminación. A lo largo de su curso, el oxígeno y los nutrientes son transportados desde estos vasos a los osteocitos a través del sistema canalicular. La dirección del flujo sanguíneo normal a través del hueso cortical diafisario es centrífuga. Una presión intravascular más alta dentro de la médula en relación con la del periostio dicta este movimiento

Irrigación normal del hueso joven

La vascularización del hueso inmaduro es similar al adulto, tan solo varía en algunas diferencias:

  • En los animales inmaduros, el suministro de sangre de la arteria perióstica está bien desarrollado y se extiende longitudinalmente dentro del periostio para abastecer todos los aspectos del hueso largo, excepto las superficies de las articulaciones. Este mayor suministro de sangre es responsable del crecimiento óseo aposicional de los huesos largos.
  • En el animal adulto, el suministro vascular y el periostio asociado están atrofiados.

Otra diferencia es que, en los animales recién nacidos, la fisis actúa como barrera entre la vascularización de la epífisis y metáfisis, separando su flujo de sangre de manera independiente. Una red de vasos denominada “arcada epifisometafisaria” se encarga de abastecer, de manera abundante, esta área de crecimiento activo. Esta “arcada” da lugar a arterias metafisarias que penetran en el hueso a través de numerosos agujeros. Las arteriolas metaepifisarias se anastomosan con ramas de las arterias nutricias y periósticas para formar un suministro de sangre intramedular que se dirige hacia la fisis.

En la fisis, estos capilares terminales forman proyecciones saculares, que anteriormente se pensaba que eran bucles capilares. Esta es un área donde puede producirse un flujo sanguíneo lento, lo que predispone a la colonización bacteriana hematógena. La epífisis es irrigada por varias arteriolas grandes que penetran en las áreas de la articulación.

Tras el cierre de la placa de crecimiento los vasos metafisarios y epifisarios se anastomosan. A la izquierda de la imagen se observa el esquema del flujo de sangre aferente del hueso inmaduro después del cierre de la placa de crecimiento, donde los vasos metafisarios y epifisarios se anastomosan. A la derecha de la imagen se observa una sección de la diáfisis que muestra un esquema del flujo sanguíneo normal aferente del hueso compacto.

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