Trastorno de la personalidad evitativa
En la actualidad se tienen registrados múltiples trastornos de la personalidad, y entre ellos se encuentra el de la personalidad evitativa.
facultad de psicología · psicopatología
dom. 16 de may. 2021
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En la actualidad se tienen registrados múltiples trastornos de la personalidad. Algunos ya tienen un método de intervención efectivo, pero otros todavía siguen siendo estudiados por profesionales debido a su dificultad de entendimiento y sus variaciones en la sintomatología de cada paciente. Entre ellos se encuentra el trastorno de la personalidad evitativa, el cual será descrito a continuación.

Singularidades de los evitativos

Se dice que los esquizoides son personas que establecen un aislamiento de los demás de forma pasiva. Es decir, que al no tener capacidad para la recepción y emisión de sentimientos, estos se aislan del mundo. De esta manera adquieren formas de pensar y estilos en su forma de actuar diferentes. Toman una posición totalmente pasiva ante los estímulos emocionales, tanto propios como de los demás.

Los evitadores también tienen muchos comportamientos parecidos a los esquizoides. Sin embargo, se podrá observar que hay una diferencia notable: los evitadores son sensibles a los estímulos afectivos. Es más, son hipersensibles y sí reaccionan ante las llamadas afectivas, pero su aislamiento e inhibición social se debe a la ansiedad de ser rechazados. Esta ansiedad los lleva a evitar contactos sociales, los somete a evitar el conseguir relaciones placenteras y afectos positivos de la vida. Su sufrimiento los lleva a convertirse en evitadores del placer y a un aislamiento activo.

En la infancia pueden verse niños con una tensión e irritabilidad notable. Se protegen de los estímulos exteriores ante los que se muestran muy sensibles y, al parecer, se refugian en objetos inanimados. Poco a poco tienen miedo a afrontar las responsabilidades y el contacto social. Se ven así mismos como incompetentes, inferiores a los demás y con una imagen de sí mismos muy infravalorada.

Intentan ser niños modelo, aceptando todas las normas que les imponen y a la vez se muestran temerosos ante cualquier llamado de atención. Suelen ser muy fantasiosos y recurren a sus fantasías para escapar de sus realidades: fantasean sobre sí mismos, intentando con grandezas sobreponerse a su impresión de ineptitud total. Se suelen mostrar tristes, aislados y rechazan actividades sociales habituales en su edad, como juegos colectivos o actividades de grupo.

Evitación

En la amplia gama de personalidades evitadoras, se pueden distinguir desde individuos altamente patológicos hasta personas que son descritas como tímidas, inseguras ante una situación de contacto social e incluso pueden actuar con competencia suficiente muy a pesar de tener siempre esta actitud “vigilante”.

Son personas de pocas amistades, solitarias, fantasiosas, aunque muy reservadas y celosas de su intimidad. Suelen cooperar bien si su entorno es conocido, pero huyen de cualquier actuación ante un público o personas desconocidas.

Vergüenza

El estilo afectivo-emocional está marcado por la vergüenza y la aprensión. Dado que la aceptación incondicional es relativamente rara, estos individuos experimentan rutinariamente tristeza, soledad y alta tensión. Cuando están más angustiados, describen sentimientos de vacío y despersonalización. Por ello se muestran con un comportamiento ansioso e inquieto que ellos intentan dominar al mostrarse controlados, distantes y aislados de cualquier situación que interpretan como problemática. Tienen una especial aversión a ser ridiculizados por los demás.

Tienen miedo ante los demás y aparecen como tímidos, vergonzosos, solitarios o aislados, temerosos de la crítica, del rechazo, de la desaprobación o del ridículo. Parece que son ineptos y que se automarginan, restringen mucho sus contactos interpersonales, a pesar de que desearían formar parte del grupo y relacionarse con los demás.

El miedo que les embarga ante cualquier contacto hace que se aíslen por la ansiedad que les provoca. Se les complica intimar con otras personas, sobre todo si no forman parte de su entorno habitual. Se debe a que temen exageradamente ser avergonzados o humillados. Sólo pueden intimar con aquellos que tienen la seguridad de que no les van a criticar.

Preocupación por la crítica

Este comportamiento les lleva a tener sentimientos de humillación y menosprecio por sí mismos. También a estar siempre atentos ante cualquier amenaza a su intimidad, pensando en mensajes perspicaces (una simple broma) o intenciones amenazantes que provienen del exterior.

Se la pasan interpretando las sutilezas del lenguaje, los tonos de voz, la expresión de los demás, que muchas veces se interpretan de forma amenazante o despectiva hacia ellos. Todo ello les distrae enormemente de su realidad, se pierden en la consideración subjetiva de que lo que les dicen o quieren expresar los demás será vejatorio para ellos. Su pensamiento tan interferido les conduce al único alivio que pueden conseguir: evitar el contacto e introducirse en su soledad tranquilizadora y protectora.

Esto les lleva a sentirse diferentes, con baja autoestima, inferiores, sin valores personales y, por lo tanto, sin interés para nadie, llenos de ineptitudes, insatisfacciones, ansiedades y tristezas, en un mundo percibido por ellos como frío, humillante y amenazante.

Inhibición en las relaciones

Son percibidos como solitarios, fríos y distantes, como los esquizoides. Pero lo que ocurre en su interior es muy diferente a ellos. Lejos de ser fríos, están en un estado de ansiedad social permanente. Se muestran distantes de toda situación que implique un contacto cercano, es decir íntimo con los demás.

Es importante destacar que, a pesar de que en su interior desean estas relaciones, sólo las llevarán adelante si tienen la seguridad de que van a ser aceptados. Su vergüenza los lleva a replegarse hacia sí mismos y estar siempre pendientes de cualquier intromisión a su intimidad, ante lo cual reaccionarán huyendo.

No asume riesgos

Este tipo de personas son extremadamente reacios a asumir riesgos personales o a implicarse en nuevas actividades que pueden ser comprometedoras. Por este motivo, su comportamiento se limita a esa frialdad y distancia descrita en el apartado anterior. Esta percepción viene precedida por verse a sí mismo como  una persona socialmente inepta, personalmente poco atractivo, o inferior a los demás. De esta forma de percibirse, se deduce que cualquier riesgo asumido es indicativo de posible fracaso, de vergüenza.

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