Estrés en la familia

Cuando las relaciones familiares se ven afectadas negativamente por acontecimientos distresores graves, muchas veces necesitan un acompañamiento psicoterapéutico.

· psicología de la familia
viernes, 29 de julio de 2022
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La familia tiene un papel fundamental en la sociedad debido a su rol en el desarrollo y maduración de las personas, y por tanto debe protegerse. Las relaciones familiares, que son inevitables, pueden verse afectadas por situaciones adversas que generan estrés en la familia, lo que muchas veces hace necesario el acompañamiento por parte de un psicólogo. En este artículo veremos qué acontecimientos pueden generar estrés en la familia.

Estresores de relación

Probablemente el paso del estrés al distrés se de como consecuencia de una herencia de los antepasados que moviliza los recursos de forma muy adecuada en situaciones de estrés agudo. Por ejemplo, escapar de un predador o esquivar un coche que se nos echa encima. Pero esta herencia es menos adecuada para situaciones de estrés crónico (tales como ver cómo un familiar próximo se consume debido a una enfermedad grave, tener que soportar a diario la situación de tensión que supone la mala relación con la pareja, con algún compañero o con el jefe). La activación general que puede ser útil en situaciones de estrés agudo sirve para poco en situaciones de estrés crónico, pero además produce un desgaste excepcional.

En general se considera que una persona se encuentra sometida a una situación de distrés cuando ha de hacer frente a demandas ambientales que sobrepasan sus recursos, de manera que percibe que no puede darles respuesta de una manera efectiva. Esas condiciones ambientales generadoras de estrés reciben el nombre genérico de estresores. La aparición de una respuesta de distrés depende en parte de la presencia de determinados estresores (esto es, de las demandas de la situación).

Sin embargo, dentro de las consideraciones actuales sobre el distrés, la respuesta también viene determinada por el modo en que la persona percibe la situación, así como de sus habilidades, recursos y formas de comportarse en dicha situación, por lo que no es posible establecer el valor estresante objetivo de una determinada situación. En consecuencia, una misma situación puede no ser en absoluto estresante para una persona, mientras que lo es intensamente para otra. No obstante, y aun teniendo en mente esta limitación, existe una serie de características que parece contribuir a hacer distresante una situación.

Características estresoras

El cambio o novedad en la situación estimular. El mero cambio en una situación habitual (por ejemplo, cambio en las funciones laborales o en el lugar de residencia) puede convertirla en amenazante, ya que suele implicar la aparición de demandas nuevas a las que es necesario adaptarse, utilizando para ellos recursos del organismo.

  • La falta de predictibilidad, considerada ésta como el grado en que se puede predecir lo que va a ocurrir. Aquellas situaciones en las que es posible predecir lo que ocurrirá, aunque esto tenga un carácter aversivo, generan menores respuestas de estrés, probablemente porque permiten preparar una respuesta adecuada que permita hacer frente de manera efectiva a la situación.
  • Incertidumbre acerca de lo que puede suceder en una situación. Se trata, en definitiva, de la probabilidad de aparición de un determinado evento, esto es, de situaciones con resultado incierto. En este tipo de circunstancias, cuanto mayor sea el grado de incertidumbre más estresante será la situación. En cambio, en aquellos casos en los que exista una mayor certeza (ya sea de la aparición o     no aparición del evento), el estrés disminuirá.
  • Ambigüedad: se produce cuando cualquiera de las características de la situación (duración, intensidad, frecuencia…) es desconocida, esto es, cuando la información sobre la situación no es clara o suficiente, lo que dificulta la respuesta eficaz ante ella.
  • Situaciones que sobrepasan los recursos del individuo. La persona puede verse desbordada por múltiples demandas a las que “no puede llegar” por falta de tiempo, de rendimiento, de apoyos.
  • Situaciones en las que la persona no sabe qué hacer (bien porque no se puede hacer nada, porque no conoce el modo de actuación a seguir en la situación, o porque aun conociéndolo no sabe ponerlo en marcha).

Acontecimientos estresantes

Pueden implicar acontecimientos extraordinarios y extremadamente traumáticos, pero también eventos más o menos normativos (matrimonio, divorcio, despido…). Los más estudiados -estableciendo su efecto sobre la salud- son: situaciones bélicas, actos terroristas, violencia en general (malos tratos, violaciones…), enfermedades terminales o sometimiento a intervenciones quirúrgicas mayores, emigración, desastres naturales (terremotos, inundaciones…) o provocados por el hombre (accidentes de tráfico, laborales…), así como sucesos vitales altamente traumáticos (divorcio, pérdidas de seres queridos…).

Acontecimientos diarios

Se refiere a microacontecimientos o “sucesos menores” que ocurren con cierta cotidianidad (por ejemplo, disputas familiares, problemas económicos, atascos, perder cosas…). En contra de lo que se suele aducir, los acontecimientos diarios o más bien la acumulación de acontecimientos de este tipo, especialmente de aquellos que resultan centrales para las preocupaciones y objetivos de la persona, han mostrado una gran capacidad predictiva del funcionamiento psicológico y somático del individuo, así como de su bienestar, efecto que es incluso superior al encontrado en el caso de los acontecimientos vitales estresantes.

No obstante, la consideración de los acontecimientos diarios resulta controvertida, ya que en ocasiones los propios acontecimientos pueden confundirse con los síntomas (por ejemplo, los problemas de sueño), condicionando los resultados.

Situaciones de tensión crónica mantenida

Estas situaciones son, por ejemplo, un puesto laboral conflictivo con sobrecarga constante de trabajo o con perspectivas de futuro inciertas, continuas disputas familiares, situaciones de marginación social, cuidadores, inmigrantes sin papeles. Estas son sin duda la fuente de estrés más importante, pues une a la intensidad de la situación (similar a la de los sucesos vitales estresantes), el hecho de que su presencia sea cotidiana.

Sin embargo, la línea divisoria no está tan clara, produciéndose solapamientos, así como interacciones entre los distintos tipos de situaciones. Así, personas sometidas a situaciones de tensión crónica mantenida pueden sufrir más acontecimientos estresantes cotidianos, o personas que han sufrido determinados acontecimientos vitales estresantes pueden sufrir un cambio en su curso vital que afecta a sus roles y a su situación general. De hecho, aunque los eventos estresantes pueden darse de forma aislada, en forma de acontecimientos más o menos intensos (por ejemplo, tener un accidente, cambiar de trabajo), son mucho más frecuentes las cadenas o sucesiones de acontecimientos.

Buena parte de los acontecimientos estresantes generan otros acontecimientos también estresantes. Por ejemplo, un divorcio conlleva además de la ruptura sentimental otras circunstancias que pueden también resultar estresantes, tales como la posible pérdida de apoyos sociales, dificultades económicas, cambio de domicilio.

Escala de reajuste psicosocial de Thomas Holmes y Richard Rahe

Esta es una prueba más de cómo acontecimientos cotidianos unidos pueden producir un estado de distrés incapacitante y además propicio a producir un trastorno mental o psicosomático. Esta escala investiga 43 acontecimientos asociados con diferentes grados de alteración y distrés en la vida cotidiana. Muchos de estos acontecimientos tienen que ver con la familia, de tal manera que la muerte de un ser querido, las separaciones, los problemas económicos, las dependencias emocionales y otros elementos que suceden en el núcleo familiar, son los que presiden en esta escala.

Estrés en la familia y tratamiento en psicología

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