Función de la Unidad de Sueño

Durante mucho tiempo, las unidades de sueño han funcionado como un conjunto de especialistas relacionados con patología del sueño, que trabajaban de forma individual en cuanto a la especialidad médica implicada.

facultad de medicina · neurología
miércoles, 17 de agosto de 2022
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Una unidad de sueño se define como una entidad, generalmente multidisciplinar, formada por personal técnico y de enfermería especializado y equipos médicos y no médicos (como psicólogos), cuyo objetivo es el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos de sueño, así como su seguimiento y control. La unidad de sueño está estructurada con una forma de trabajo en red, conformado por múltiples especialistas enfocados en la atención global del paciente con trastorno de sueño-vigilia.

¿Para qué existen las Unidades de Sueño?

Durante mucho tiempo, las unidades de sueño han funcionado como un conjunto de especialistas relacionados con patología del sueño, que trabajaban de forma individual en cuanto a la especialidad médica implicada. Cabe destacar la actividad en este campo de especialistas en neumología, neurofisiología clínica, neurología, otorrinolaringología, pediatría, cirugía maxilofacial, psiquiatría, psicología e incluso odontología. Este concepto ha cambiado en los últimos años, pudiendo afirmar, que en general, se ha convertido en modelo de trabajo multidisciplinar.

Una unidad de medicina del sueño debe estar integrada en una red en donde intervienen diferentes eslabones sanitarios: desde los médicos de atención primaria hasta los especialistas extrahospitalarios, desde los centros locales a los de referencia. Es decir, cuando una enfermedad es tan prevalente como lo son muchos de los trastornos de sueño, todos los niveles asistenciales deben estar implicados, todos ellos con sus derechos y deberes por el beneficio del paciente, siendo el paciente el eje central del trabajo en red.

En muchos hospitales, dicha forma de trabajo puede estar definida por una vía clínica. Las vías clínicas son planes asistenciales que se aplican a enfermos con una determinada patología que presenta un curso clínico predecible. Las vías clínicas (clinical o critical pathways) también se denominan mapas de cuidados (care maps), guías prácticas, protocolos de atención (care protocols) atención coordinada, vías de atención integrada (integrated care pathways), vías de atención multidisciplinaria (multidisciplinary pathways of care), programas de atención colaborativa, vías de alta anticipada (anticipated recovery pathways), o vías de atención o gestión de casos clínicos.

Vías clínicas

Una vía clínica permite integrar las herramientas para la sistematización de procesos asistenciales en sanidad como las guías clínicas, los protocolos, o los procedimientos normalizados de trabajo. Por eso son fundamentales para disminuir la variabilidad en la práctica clínica.

Las vías coordinan y ensamblan todas las dimensiones de la calidad asistencial: tanto los aspectos relevantes para profesionales sanitarios (calidad científico-técnica, optimización de la atención y coordinación entre profesionales sanitarios) como los aspectos que valoran los enfermos (información, participación y ajuste de las expectativas), así como los aspectos importantes para los gestores (eficiencia, evaluación continua y gestión de costes). Esta es una forma de adaptar las guías de práctica clínica o los protocolos a la práctica real. Es decir, las vías clínicas son la versión operacional de las guías clínicas.

En los últimos años, diferentes sociedades científicas han desarrollado un nuevo enfoque en relación con a la forma de proceder con los trastornos del sueño. En este enfoque se afirma que «El sueño entra en una nueva dimensión». Desarrollado a partir del año 2018, es un proyecto necesario y pionero hasta la fecha, cuyos ejes principales pueden resumirse en cuatro aspectos:

  • Optimiza procedimientos.
  • Impulsa el trabajo en red colaborativa.
  • Define el mejor uso de las técnicas de información y comunicación (TIC) que incluyen la telemedicina.
  • Considera el sueño como uno de los pilares de la salud, pudiendo, en un sentido amplio, actuar sobre el primero para mejorar esta última.

Implementación del nuevo enfoque

Cada unidad de sueño debería tomar nota de estos ejes principales y adaptarlos a sus medios, a su centro de trabajo y a su entorno sanitario (público, privado, concertado mixto…). Por un lado, es preciso optimizar los métodos diagnósticos implementando, cuando así sea posible, el uso de sistemas simplificados de diagnóstico como polígrafos respiratorios de diversa complejidad, actigrafía, etc. Incluso, dependiendo del nivel, pueden implementarse supersimplificados (pulsioximetría), que permitan diagnosticar al máximo número de paciente. Ello permite reservar las pruebas más completas como la polisomnografía (PSG) para pacientes que así las requieran, con el propósito de ser más eficientes, minimizar listas de espera y gastos sanitarios superfluos.

Por otro lado, se debe impulsar el trabajo colaborativo añadiendo diferentes especialidades que se han integrado recientemente al abordaje de la patología del sueño, por ejemplo, odontólogos y cirujanos orales en cuanto a terapias de avance mandibular. Cada unidad debe realizar también un esfuerzo por actualizar su organización al trabajo en equipo entre el personal sanitario, los técnicos, las empresas suministradoras de terapias respiratorias en domicilio (TRD) y las empresas de mantenimiento de aparataje y de material consumible del mismo.

La patología del sueño es una oportunidad para poner en marcha proyectos de tele monitorización útiles para, por ejemplo, disminuir el número de visitas presenciales a las unidades, además de poder detectar con mayor inmediatez a pacientes que incumplan su terapia. Por último, las unidades de sueño deben ser parte activa, más allá del día a día de la actividad asistencial, en tareas de divulgación en todos los formatos existentes para promocionar la adecuada de la higiene de sueño como base fundamental para promover la salud y trasmitir la importancia que los efectos de los trastornos de sueño producen sobre la misma.

Acreditación de centros y profesionales

Los trastornos del sueño forman parte de un grupo de enfermedades que, por su creciente prevalencia y sus consecuencias sociosanitarias, se consideran cada vez más seriamente como un problema de Salud Pública. Estudios recientes, muestran prevalencias de estos trastornos que rondan cifras de 31 % en mayores de 15 años, con importante impacto negativo en su calidad de vida. Pese a ello, sorprende que menos de la mitad de estos sujetos hayan buscado ayuda médica, bien porque no son conscientes de que la necesitan o bien porque no saben dónde acudir.

Dichos datos concuerdan con la mayoría de estudios que afirman que, pese a la gran prevalencia de trastornos de sueño en la población, estos están infradiagnosticados con enorme variabilidad dependiendo de continentes, zonas geográficas o centros de referencia. En esta situación, es sumamente importante que los diferentes centros de medicina del sueño, cada uno en la medida de sus posibilidades, se organicen de manera activa, a la vez que exista una unificación de criterios de diagnóstico, seguimiento y tratamiento de los muy diferentes perfiles de pacientes que acuden a los mismos.

La acreditación, tanto de Centros de Medicina del Sueño como del personal que trabaja en ellos, es una de las herramientas esenciales para asegurar y mejorar el cuidado de los pacientes afectados por este tipo de trastornos. Se trata de una serie de procedimientos unificados y estandarizados entre diversos países que regulan todos los aspectos de logística, material, espacios, requisitos tecnológicos, indicaciones clínicas, seguimiento del paciente, capacidad de trabajo, etc., que los centros y su personal deben cumplir para conseguir un determinado nivel de acreditación.

Acreditación posgradual en Medicina del Sueño

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