El adulto joven
Históricamente, el adulto joven ha sido objeto de estudio de interés por parte de la psiquiatría y en todas las culturas.
facultad de medicina · psiquiatría
sáb. 07 de ago. 2021
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El camino de la adolescencia a la edad adulta es un periodo de transición en ciclo vital del ser humano. Históricamente el adulto joven ha sido objeto de estudio de interés por parte de la psiquiatría. También, en todas las culturas, existen ritos de paso entre ambas etapas. Están mediados por diversos aspectos de los mandatos internos de cada sociedad y de las normas hegemónicas de cada época, que responden a las expectativas sobre las responsabilidades que tiene el individuo en su paso a la adultez.

Contexto

En las sociedades occidentales, se han establecido de forma generalizada los dieciocho años como eslabón de cambio entre ambas etapas. Aunque, excepcionalmente, según los ritos esta edad puede variar. En cualquier caso, a grandes rasgos se encuentra con una fase de modificaciones progresivas que se iniciaron en los últimos años de adolescencia. Estas cristalizarán en años posteriores de adultez en la que el individuo comienza a llevar a cabo su proyecto vital, tras poder asumir roles sociales de forma activa y consolidar una identidad.

No obstante, no se puede obviar la configuración social tan voluble de la época actual en lo que Bauman definió como modernidad líquida. Es un concepto con el que describe el auge de fenómenos de individualidad, incertidumbre y flexibilidad. Tiene como base una necesidad imperiosa de adaptabilidad a los cambios constantes sociales y de valores que se vienen produciendo en las últimas décadas.

¿Qué es?

La adultez joven es también, por otra parte, una etapa en la que se observan diferentes conflictos psíquicos, familiares y sociales. Su resolución o mantenimiento contribuirá de manera decisiva a conformar la identidad personal y la posición en el sistema social de cada individuo. En primer lugar, existe un conflicto intergeneracional que se arrastra de la etapa anterior tras el comienzo del proceso de individuación y diferenciación de la familia de origen. Tiene la consecución de un nivel de autonomía suficiente que permite a cada uno la realización de su proyecto sin una dependencia emocional del entorno.

Existe también un conflicto intrapsíquico en el que, por primera vez, se relativiza el pensamiento hasta asumir la presencia de contradicciones en la filosofía de vida y los actos individuales. También incluye la asunción de estas mismas características en las otras personas, tanto del entorno cercano como de la sociedad de pertenencia.

Por último, existen unos marcados roles de género que, aunque se están comenzando a discutir, generan diferencias sociales y económicas. Determinan el espacio que mujeres y hombres tienen en la sociedad, así como sus expectativas de desarrollo vital e identitario. Hay también, por supuesto, otro tipo de circunstancias (crisis económicas, procesos migratorios, enfermedades, entre otros) que pueden influir en las ideas que se han venido desarrollando hasta ahora. Sin embargo, tienen un carácter más coyuntural y menos generalizable, a pesar de la responsabilidad directa en cómo cada adolescente se convierte en adulto.

Desarrollo psicológico

Diferentes autores han intentado explicar, desde su modelo, el desarrollo psicológico que todo individuo tiene en esta etapa de su ciclo vital. En este caso se va a tratar las teorías de Piaget, Schaie, Erikson y Kohlberg para aportar algunas de las concepciones más importantes, que desde diferentes escuelas se han hecho sobre este tema.

Piaget

Desarrollando los conceptos de Piaget, que plantea una teoría del aprendizaje cognitiva de base constructivista, se encuentra con la descripción del pensamiento posformal como propio de esta etapa del desarrollo. Según este modelo, el pensamiento posformal se basa en la capacidad del individuo para manejar la incertidumbre, integrar diferentes alternativas sin tener que excluirlas y poderse explicar emociones y pensamientos discordantes. Es decir, se renuncia a las verdades absolutas y al pensamiento polarizado. Se adquiere habilidad para negociar y para relativizar las propias opiniones y las de otros.

Algunos autores incluyen dentro del pensamiento posformal el pensamiento dialéctico. Se define por la capacidad de considerar puntos de vista opuestos aceptando la existencia de contradicciones.

Schaie

Por otro lado, otro teórico cognitivo, Schaie, realiza una diferenciación de las etapas de la vida en relación a su contexto social. Pasa en la adolescencia de una etapa de adquisición de información y habilidades para poder participar de la sociedad a, en la adultez temprana, una etapa de logros en la que los individuos usan sus conocimientos para obtener autonomía.

Erikson

Según la teoría psicosocial de Erikson, cada etapa de la vida genera un conflicto en el que se pueden desarrollar competencias para el desarrollo individua. Estas ayudan a resolver, a su vez, el conflicto de la siguiente etapa. En el caso de la adultez joven, se viene de una etapa adolescente de adquisición de identidad. El nuevo conflicto que se establece es el que enfrenta la intimidad contra el aislamiento. Una resolución satisfactoria se encuentra con la adquisición de la capacidad de comprometerse con un otro ajeno a su familia a nivel emocional e intelectual.

Para lograr esta competencia, la forma de relación presente hasta ahora varía. Busca relaciones íntimas que ofrezcan seguridad y confianza en contraposición de la importancia de la pertenencia grupal de la etapa previa. En caso de que no se logre esta competencia o se rechace esta posibilidad de intimidad, el individuo tenderá hacia sentimientos de soledad o aislamiento social condicionados por la falta de reconocimiento íntimo.

Para Erikson, esta circunstancia tendría su origen en la mala resolución de la crisis de identidad de la etapa anterior. Puede devenir en patología depresiva o, sin tener por qué excluirse ambas, en una promiscuidad de las relaciones sociales de manera superficial sin lograr ninguna relación estrecha.

Koglberg

Para finalizar, Kohlberg explica en su teoría del desarrollo moral la moral posconvencional del adulto joven. Para este pensador, al igual que para Piaget, el desarrollo moral depende del desarrollo cognitivo. El individuo pasa de una etapa previa de pensamiento más egocéntrico a una etapa de pensamiento abstracto en la que confronta sus valores con otros y consigo mismo. Se pasa de una moral convencional basada en la aceptación de roles asignados y respeto al orden social, a una moral posconvencional o autorregulada en la que se asume una conformidad con los principios, derechos y obligaciones de la sociedad, sin necesidad de ser estos impuestos por una autoridad. El sentido de la justicia entronca con el respeto a la diversidad de valores y opiniones de cada grupo o individuo. También en el respeto de estas reglas en común.

Abordaje de trastornos mentales

Cualquier proceso de enfermedad que genere una disfuncionalidad o dificultad de adaptación a una vida normalizada y a la consecución de los hitos individuales y sociales en esta etapa del desarrollo, va a influir decisivamente en cómo cada individuo consolide su identidad y su rol social.

En este caso, el de la aparición o evolución de un posible trastorno mental, a estos factores mencionados se suma el del estigma que sigue asociado a estas enfermedades. Lo anterior convierte a esta población en más vulnerable. Se le antoja como imprescindible tanto una intervención lo más precoz posible como, en el caso de que se precise, una adecuada transición entre los recursos destinados a adolescentes y aquellos destinados a población adulta.

Diagnóstico y tratamiento

Un diagnóstico y tratamiento precoz de un incipiente trastorno mental va a evitar tanto una evolución errática del trastorno como una mejor vinculación a los profesionales encargados de la intervención. A largo plazo puede suponer una remisión total o parcial de la enfermedad y una prevención de posibles recaídas. Una de las dificultades con las que cuentan los adolescentes, y que se manifiestan en su salto a la edad adulta, es cómo integrar la enfermedad en su día a día, tanto a nivel interno como en sus relaciones sociales y familiares.

Uno de los retos que se presentan en la atención a estas personas es ayudarles no sólo en la mejoría de los síntomas, sino también en el relato y las vivencias que realizan alrededor de ellos. Este es uno de los hándicaps que puede acabar impidiendo la resolución del cuadro y la falta de superación de etapas del desarrollo adolescente para la adquisición de un rol social y familiar de adulto en el que prime su independencia, así como su capacidad de llevar a cabo el proyecto vital que decida.

En esta labor, además de los profesionales encargados, es conveniente poder contar con la familia en el tratamiento. Se busca que participen de los mismos objetivos que el resto de partes involucradas. Así pueden compartir las inseguridades y frustraciones asociadas a estos procesos sin perder de vista la necesidad de trabajar por la autonomía del paciente joven. El apoyo de la familia actuará como factor protector y ayudará positivamente en la evolución del trastorno. Disminuye también los sentimientos de culpa que acaban estando presentes de forma implícita cuando se dan estas dificultades.

Entorno social

Otro de los puntos sobre los que es conveniente trabajar con los jóvenes adultos es su entorno social y la manera en que se relacionan con él. En una sociedad en constante cambio como la actual, es imprescindible por parte del profesional un nivel suficiente de adaptación y conocimiento de los intereses y estilos de vida de esta franja de la población.

Parece difícil el poder brindar una atención de calidad si el profesional no hace el esfuerzo en actualizarse. Esto no sólo incluye los avances científicos y tecnológicos más punteros, sino también en las modas, preocupaciones y patrones de relación y de consumo a todos los niveles de los pacientes a los que atiende. El auge ya consolidado de las tecnologías de la información, la comunicación y las consecuencias que estas han tenido en las formas de percibir y vivir las relaciones, debería servir de ejemplo para asumir la impredecibilidad de los futuros cambios que irremediablemente van a acaecer. No existe otra opción que la de acercarse con curiosidad y sin prejuicios a las inquietudes de las nuevas generaciones. De esta manera se les puede ofrecer una atención global de sus necesidades cuando consulten por un trastorno mental.

Incidencia y prevalencia

A nivel de datos de incidencia y prevalencia, las cifras se mantienen en torno al 20% de diagnósticos de trastorno mental tanto en adolescentes como en adultos jóvenes. Tienen un 5% de prevalencia en ambos casos de trastorno mental grave. Sí que existen, no obstante, diferencias significativas en los datos de algunas patologías.

Por ejemplo, hay mayor prevalencia de trastornos de ansiedad y menor de depresión mayor entre adultos jóvenes que entre adolescentes tardíos. Mientras tanto, las cifras globales de trastornos afectivos o TDAH se mantienen parejas en ambos segmentos de la población. Por comparar la magnitud de las cifras, enfermedades somáticas crónicas como el asma o la diabetes tienen en estas edades una prevalencia en torno al 8% y al 0,2%, respectivamente.

Unas patologías que sí tienen especial relevancia en esta época son las relacionadas con el consumo de tóxicos. Aunque el consumo de alcohol está teniendo un repunte sostenido en todas las franjas de edad en los últimos años y con una edad de inicio cada más temprana, es principalmente el consumo de drogas no legalizadas el que marca la diferencia de patrón de consumo en adultos jóvenes con respecto a grupos de edad anteriores y posteriores. El consumo de estas sustancias no es sólo preocupante por los efectos directos que tienen tanto a nivel físico como mental, sino también por la posibilidad de presentación comórbida con otros trastornos mentales. Así mismo, se incluye el subsiguiente empeoramiento de los mismos mediados por los efectos de los tóxicos.

Abordaje

Por último, es fundamental señalar en el abordaje inicial del adulto joven que presente un trastorno mental de inicio en la infancia o la adolescencia, la necesidad de realizar un óptimo proceso de transición del paciente entre los profesionales que lo han venido atendiendo hasta la mayoría de edad y aquellos que se encargarán de su seguimiento a partir de entonces. En este cambio, además del equipo multidisciplinar que reciba al paciente, hay que involucrar al equipo derivante. También se debe contar con la participación e involucración activa tanto del joven como de su familia.

Una transición de buena calidad asegurará la continuidad del tratamiento, evitará recaídas, mejorará el vínculo entre paciente y profesionales y mitigará la sensación de pérdida o abandono tras el cambio.

Psiquiatría para adultos jóvenes

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