Dolor musculoesquelético en niños

Alrededor del 15 % de las consultas pediátricas generales incluyen quejas que afectan al sistema músculoesquelético. Por esta razón es importante ahondar en este problema.

facultad de medicina · reumatología
miércoles, 31 de agosto de 2022
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El dolor musculoesquelético en niños es un motivo frecuente de consulta en la práctica diaria de Reumatología Pediátrica. Un gran número de condiciones o enfermedades distintas pueden manifestarse con dolor musculoesquelético (ME). Una historia clínica detallada, incluida la historia familiar, junto con un examen físico completo pueden proporcionar pistas vitales sobre la afección subyacente en la mayoría de los casos.

Dolor musculoesquelético en pediatría

Alrededor del 15 % de las consultas pediátricas generales incluyen quejas que afectan al sistema ME. Si bien la gran mayoría pueden ser dolencias inespecíficas y benignas, los dolores y las molestias ME también pueden implicar dolencias significativas. Estas dolencias van desde las propias del esqueleto en crecimiento (osteocondritis) hasta la artritis idiopática juvenil (AIJ) o las neoplasias infantiles.

Aunque no existen estudios epidemiológicos poblacionales respecto al dolor ME en general, algunos estudios han estimado una incidencia anual del 18 al 33% para el dolor lumbar pediátrico y del 28% para la cervicalgia, con una incidencia del dolor de espalda del 15 al 35%. En general, los estudios evidencian tasas de prevalencia e incidencia más altas en adolescentes que en niños y un aumento brusco a partir de los 10 y 12 años, especialmente en niñas. La prevalencia durante la adolescencia, es similar a la de los adultos y aproximadamente un tercio de los adolescentes refieren dolor ME como mínimo una vez al mes.

Expresión del dolor

El dolor musculoesquelético en niños, sobre todo el crónico o recurrente, es un problema clínico cada vez más reconocido con tasas de prevalencia alarmantemente altas en algunas poblaciones. Aunque no se entiende por qué algunos niños experimentan dichos niveles de dolor, se cree que la experiencia subjetiva del mismo (incluidos su localización, intensidad, calidad, desagrado y sufrimiento asociado) es el resultado de interacciones entre múltiples factores nociceptivos, afectivos, socioculturales, conductuales y cognitivos.

La prevalencia del dolor ME aumenta con la edad y el desarrollo puberal y existe una preponderancia femenina. Curiosamente, puede haber una desconexión sorprendente entre una enfermedad clínicamente activa y el dolor experimentado. En un estudio realizado en niños con AIJ poliarticular, el 76 % confirmó dolor en más de 6 de cada 10 días, a pesar de la aparente supresión exitosa de la inflamación mediante el tratamiento con metotrexato, inhibidores del TNF-α o ambos.

Dado que el aumento en la prevalencia de condiciones que afectan al sistema ME ocurre en la adolescencia, puede ser necesario investigar esta etapa de la vida (o las anteriores) para identificar los factores desencadenantes del dolor. Comprender los factores que rodean el inicio del dolor ofrece una mejor oportunidad de desarrollar tratamientos exitosos y es fundamental en cualquier esfuerzo de prevención primaria.

Resulta importante saber que no toda la investigación realizada en adultos se puede extrapolar a los niños con dolor. El dolor, en particular el dolor crónico, se conceptualiza actualmente dentro de un modelo biopsicosocial. Por lo tanto, la experiencia del dolor está influenciada por factores físicos (anatomía específica del niño y procesos fisiológicos), factores psicológicos (estado de ánimo, cogniciones y creencias) y factores sociales (relaciones, ambiente social y cultura). En cada uno de estos dominios hay diferencias importantes entre niños y adultos.

Dolor ME en infancia y adolescencia

La infancia y la adolescencia son momentos de crecimiento del sistema musculoesquelético. Allí ocurren cambios en las propiedades estructurales, biomecánicas y el control motor antes de que el sistema se estabilice en la edad adulta. Del mismo modo, se produce un desarrollo cognitivo y emocional sustancial durante la infancia. Los cambios hormonales también regulan el estado de ánimo y las emociones de manera diferente a la edad adulta. Finalmente, las relaciones sociales, las expectativas y los entornos experimentados por los niños son distintos de los de los adultos. Estas diferencias proporcionan una buena razón para considerar que la experiencia del dolor puede ser diferente entre niños y adultos.

Así, en la evaluación del dolor en la población pediátrica se han identificado siete dominios, además del de la intensidad del dolor: físico, emocional, sueño, otros síntomas relacionados, eventos adversos del tratamiento, factores económicos y satisfacción global del paciente con el tratamiento. Es importante incluirlos todos en la historia clínica cuando se evalúa el dolor en niños.

El papel de los padres

Los padres juegan un papel clave en el comportamiento del dolor de los niños. La actitud de los padres afecta en cómo los niños responden a su dolor y si son capaces de minimizarlo o exagerarlo. Las respuestas de los padres al dolor de los niños, particularmente aquellas acciones que pueden reforzar el comportamiento de la enfermedad infantil al atender a las quejas y alentar el absentismo escolar u otras actividades, se han asociado positivamente con discapacidad funcional y ausencias escolares. Los pensamientos de los padres juegan un papel importante en la configuración de sus reacciones emocionales y en el comportamiento ante el dolor de sus hijos.

La catastrofización del dolor se caracteriza por una percepción del mismo altamente amenazante, peligroso o más allá de la capacidad para hacerle frente. Los padres que fomentan el catastrofismo ante el dolor de sus hijos, percibiéndolo como una amenaza o creyendo que este está más allá de la capacidad del niño para hacerle frente, asocian un mayor grado de angustia durante los procedimientos clínicos y una mayor respuesta del niño al dolor. El catastrofismo refuerza el comportamiento del dolor infantil.

Proporcionar dirección a los responsables del cuidado de niños con afecciones ME será una función clave a la hora de sumar esfuerzos en la investigación de dicha área. Equilibrar la necesidad de la identificación temprana, ofrecer las herramientas adecuadas a aquellos que necesitan atención, tranquilizar y evitar la «medicalización» de los dolores y molestias transitorias son tareas difíciles. Además, el equilibrio en el trato del dolor puede ser algo crítico, debido a la investigación y el tratamiento excesivos del dolor ME, que pueden provocar una gran carga en los sistemas de salud y un impacto negativo en los resultados individuales de los pacientes.

Conductas ante el dolor

Igual que la expresión del dolor es diferencial entre niños y adultos, las estrategias de afrontamiento del dolor también lo son. El modelo biopsicosocial a menudo se ha utilizado para explicar cómo numerosas fuerzas internas y externas pueden afectar en la experiencia del dolor en niños y adolescentes. Existe una extensa literatura que confirma la relación entre los comportamientos de afrontamiento en niños y adolescentes y frente al dolor en estos pacientes.

Así, se pueden distribuir las estrategias de afrontamiento del dolor musculoesquelético en niños en 3 grandes grupos. Las de afrontamiento activo, las de afrontamiento pasivo y las de acomodamiento. En cada uno de estos grupos se incluyen distintas estrategias. Las estrategias de afrontamiento pasivo, que generalmente implican una orientación alejada del factor estresante e incluyen respuestas como el autoaislamiento, la catastrofización y la desconexión, se han asociado con niveles más altos de dolor, síntomas somáticos, síntomas depresivos y discapacidad funcional.

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