El momento crisálida
El momento crisálida hace parte de la resolución de conflictos en la cual pasamos por una dura etapa para madurar y adaptarnos a la situación.
facultad de educación · pedagogía
jue. 01 de jul. 2021
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El momento crisálida es el estado por el que pasan algunos insectos (tipo de animales invertebrados del filo de los artrópodos, caracterizados por presentar un par de antenas, tres pares de patas y dos pares de alas), en el curso de la metamorfosis (proceso biológico por el cual un animal se desarrolla desde su nacimiento hasta la madurez, por medio de grandes cambios estructurales y fisiológicos) que los lleva del último estadio de larva (fases juveniles de los animales con desarrollo indirecto que tienen una anatomía, fisiología y ecología diferente del adulto) al de imago (último estadio del desarrollo de un insecto) o adulto.

En la Crisálida, capullo o pupa se consigue que se ponga en marcha la metamorfosis. Un apogeo de cambios drásticos que darán forma a “nueva criatura”. Los investigadores Tristan Lowe, Russell J. Garwood, Thomas J. Simonsen, Robert S. Bradley, Philip J. Withers* enseñan el proceso que se produce en una crisálida con apoyo de las técnicas 3D. Este estudio ha demostrado, la eficacia de la tomografía de rayos X para obtener imágenes longitudinales en vivo de la metamorfosis de los insectos sin deteriorarlos. En esta investigación, se ve cómo va progresando la oruga hasta convertirse en mariposa.

Por lo tanto, el cerebro es la crisálida. En él se producen todas las interacciones para interpretar la realidad. Se generan las respuestas y se reflexiona sobre las mismas para aprender y sobrevivir. Se utilizará la imagen de lo que pasa dentro de la crisálida para hablar del conflicto. Entrar en un conflicto será como dejar de ser oruga (la zona de confort) para entrar en la crisálida (la zona de riesgo). Es allí donde empieza la metamorfosis y terminar siendo una mariposa (la zona de crecimiento y expansión).

Los dos o tres cerebros

La etimología de la palabra crisálida dice que viene del griego χρυσος, chrysos, «oro». Este significado completa la iconografía utilizada. Dentro de la crisálida se produce una metamorfosis que tiene gran valor, tanto como el oro. Lo cierto es que se llega al “momento crisálida” casi sin darse cuenta. Aunque hay ocasiones en las que se puede prever un conflicto con anterioridad, la mayoría de las veces no se está entrenado en visualizar los conflictos previamente.

Lo emocional toma el control y se olvida racionalizar el conflicto. Para Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional, se tiene dos tipos de procesos mentales, él habla de dos mentes: la mente emocional y la mente racional. Comenta Triglia (2016) en su post sobre Neurociencia que, aunque MacLean habla del modelo de los tres cerebros: reptiliano, límbico y neocórtex; siendo el reptiliano el que gestiona todas las respuestas animales, el límbico para las respuestas emocionales y el neocórtex para las respuestas racionales; parece estar desfasado en la actualidad.

Lo cierto es que esta separación es más bien para su estudio y comprensión. Se está demostrando en la actualidad que el cerebro tiene un solo funcionamiento y que las incorporaciones modifican toda la estructura neuronal. Además no aparecen como anejos a lo que ya estaba funcionando como se creía antes. Se va a utilizar la explicación de los dos cerebros por simplificar su aplicación en el aula. La mente emocional es mucho más rápida que la mente racional, y activa la acción sin pausa para pensar en lo que está sucediendo dentro de la persona. Esta velocidad precede a la reflexión analítica y deliberada que distingue a la mente racional.

La comparación aplicada

Goleman (1996) continúa diciendo que las acciones promovidas por la mente emocional tienen una fuerte sensación de seguridad y que pueden ser completamente ajenas para la mente racional. Este modo de percepción superrápida sacrifica precisión por velocidad, confía en las primeras impresiones y reacciona.

Paul Ekman y sus colaboradores descubrieron que las expresiones emocionales comienzan a mostrarse en cambios musculares en el rostro, apenas unas pocas milésimas de segundo después de que ocurre el evento que genera la reacción, y que los cambios psicológicos típicos para esa emoción también comienzan en milésimas de segundo.

Esta velocidad se nota en especial con emociones intensas, como el miedo a una amenaza repentina. Esto que, a priori, en la sociedad postmoderna podría parecer un problema de impulsividad, lo cierto es que ha mantenido la especie con vida desde la prehistoria hasta ahora. Está claro que la desventaja es que estas impresiones y juicios intuitivos, pueden motivar acciones equivocadas.

Es interesante el libro de Goleman (1996) cuando hace referencia a “las dos mentes”. La dicotomía entre lo emocional y lo racional se asemeja a la distinción popular entre corazón y cabeza. Para los emocionales, si se deja llevar por el corazón, se legitima la acción que te produce la sensación + emoción. Para los racionales tener algo cierto en la cabeza, es muestra de buen raciocinio y análisis por el que se deja llevar.

Posturas antagónicas que ha luchado a lo largo de la historia del ser humano. Las dos mentes, racional y emocional, actúan siempre juntas procesando constantemente los datos que les dan los sentidos: algo que está en el entorno pasa a llamar la atención y pasando a ser figura para la persona, e inmediatamente, otro estímulo que estaba de fondo en ese entorno arrebata la atención de nuevo.

La amígdala es la reina de corazones

Como dice Goleman (1996), la amígdala del ser humano es una estructura relativamente grande en comparación con la de los parientes evolutivos, los primates. Existen, en realidad, dos amígdalas que constituyen un conglomerado de estructuras interconectadas en forma de almendra y se hallan encima del tallo encefálico, cerca de la base del anillo límbico, ligeramente desplazadas hacia delante.

El hipocampo y la amígdala fueron dos piezas clave del primitivo «cerebro olfativo» que, a lo largo del proceso evolutivo, terminó dando origen al córtex y posteriormente al neocórtex. La amígdala está especializada en las cuestiones emocionales y en la actualidad se considera como una estructura límbica muy ligada a los procesos del aprendizaje y la memoria.

La interrupción de las conexiones existentes entre la amígdala y el resto del cerebro provoca la frase conocida del “amor es ciego”. La amígdala no solo está ligada a los afectos, sino que también está relacionada con las pasiones. Goleman (1996) apostilla que el llanto, un rasgo emocional típicamente humano, es activado por la amígdala y por una estructura próxima a ella, el gyrus cingulatus.

Cuando una persona se siente apoyada, consolada y confortada, esas mismas regiones cerebrales se ocupan de mitigar los sollozos, pero, sin amígdala, ni siquiera es posible el desahogo que proporcionan las lágrimas. Existe una investigación llevada a cabo por LeDoux que explica la forma en que la amígdala asume el control cuando el cerebro pensante, el neocórtex, todavía no ha llegado a tomar ninguna decisión. El funcionamiento de la amígdala y su interrelación con el neocórtex constituyen el núcleo de la inteligencia emocional.

La resolución de conflictos en el aula

Dentro del aula se pueden presentar diversas situaciones complejas en las cuales el educador deberá actuar. Este debe funcionar como mediador y reparador de cualquier situación de conflicto que se presente entre su alumnado. Sin embargo, este proceso requiere de preparación, experiencia y sobre todo, capacitación constante. Cada día entendemos mejor como funciona el cerebro y esto será de gran utilidad para el educador.

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